«El crudo volverá a valer menos que 0»

Las refinerías norteamericanas adelantaron compras de crudo que ahora no tienen dónde colocar.

El precio del petróleo tuvo este jueves una nueva jornada de recuperación, como rebote de la violenta caída de su cotización a principios de esta semana, pero todavía sin poder asegurar que se haya ingresado en un sendero alcista sostenible. Hay expectativas favorables con respecto al acuerdo de grandes exportadores y Rusia para reducir la producción a partir del 1° de mayo, aunque Estados Unidos se encuentra envuelto en una encrucijada. En el inicio de la actual etapa de la crisis, cuando la disputa entre Arabia Saudita y Rusia llevó a una guerra de precios, varias refinerías aprovecharon la oportunidad y compraron, en marzo, importantes volúmenes de crudo a un precio muy inferior al precio local de la producción de shale oil. En las próximas semanas, esos barcos, con un cargamento de 50 millones de barriles, estarán llegando a los puertos de la costa este de EE.UU. y tendrán el impacto de una bomba sobre el hoy frágil mercado de hidrocarburos norteamericano. Algunos expertos ya anticipan que los precios de los contratos a junio del WTI volverán a mostrar valores negativos, como a principios de esta semana.

El crudo que cotiza en Nueva York, WTI, tuvo un nuevo salto este jueves de casi un 20% y cerró en 16,50 dólares por barril, un valor todavía insuficiente para cubrir los costos de producción local. Las tensiones en Oriente Medio entre Estados Unidos e Irán le dieron impulso alcista a los precios, asi como los posibles recortes en la producción local ante los problemas logísticos de almacenaje, lo cual supondría el cierre de algunos pozos. Según estimaciones de Goldman Sachs, al 17 de abril el centro de almacenamiento de Cushing estaba con un nivel de llenado del 77% y los aumentos en estos días hacen prever que «su capacidad se agotará en la primera semana de mayo». El crudo Brent (Mar del Norte) tuvo ayer, a su vez, un repunte cercano al 5 %, alcanzando un valor por barril de 21,33 dólares, todavía en la tercera parte de su valor a principios de año.

Cuando las refinerías estadounidenses le compraron a Aramco (la gigantesca petrolera saudí) el crudo en cantidades a precio de liquidación, no imaginaron cómo cambiaría el escenario seis semanas después. El consumo de gasolina para motores en Estados Unidos se desplomó en un 40 por ciento, el precio del petróleo se derrumbó atravesando incluso el valor de cero este último lunes y, lo que es peor, la capacidad de almacenamiento se llenó a niveles peligrosamente cercanos al 80 por ciento. ¿Qué harán con los veinte barcos petroleros que vienen atravesando los mares, desde Arabia, con una carga de 40 millones de barriles de petróleo, cuando lleguen a puerto? ¿Y qué pasaría con las cotizaciones si llegara ese momento?

Victor Bronstein, especialista en temas energéticos y director de Ceepys (Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad), advirtió que «el COVID-19 cambió el escenario, la demanda se derrumbó junto con los precios y el sistema de almacenamiento está llegando al límite: de los 73 millones de barriles de capacidad que tienen las instalaciones de Cushing en Oklahoma, donde se comercializa el petróleo físico del WTI, hay almacenado más de 60 millones». El arribo de los veinte barcos petroleros, que ya están en navgación, es una amenaza que ya tuvo una reacción del senador republicano Ted Cruz (fue precandidato presidencial para las elecciones de 2016), quien en un tuit apuntó «veinte petroleros cargados con 40 millones de barriles de crudo saudita se dirigen a Estados Unidos. Esto es siete veces el flujo mensual típico. Millones de empleos están en peligro. Mi mensaje a los sauditas es: Vuelvan atrás con sus barcos».

La compra de las refinerías estadounidenses alcanzarían a 10 millones más de barriles, pero por ahora las embarcadas y en viaje serían cuarenta. Para Bronstein, «los 50 millones de barriles sauditas llegando a Estados Unidos son una bomba que el gobierno norteamericano está tratando de desactivar; veremos si lo logra, pero seguramente en junio, los precios del WTI volverán a ser negativos».

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El coronavirus paró al mundo, ¿ya no necesitamos el petróleo?

Por Victor Bronstein Un alineamiento de varios factores hundió el precio del barril de crudo en EE.UU. como nunca se había visto.

Este lunes, el mundo se vio sorprendido porque el precio del petróleo en EE.UU. alcanzó valores negativos. El WTI, que es el mercado donde se negocia el crudo producido en ese país, alcanzó un valor de -37 dólares. Cuando algo tiene precio negativo significa que hay que pagar para que alguien se lo lleve, una operación inversa a cualquier compra.

Esto ocurre, por ejemplo, con la basura. Pero el petróleo no es basura, todo lo contrario, es el recurso maestro de nuestras sociedades, es la fuente de energía irreemplazable e imprescindible y lo seguirá siendo por varias décadas más. El 70% del crudo se utiliza en el transporte y el 95% del transporte se mueve con derivados del petróleo. Sin petróleo se para el mundo y por eso el petróleo trascendió las cuestiones económicas y fue siempre fuente de conflictos, guerras e invasiones.

El Covid-19​ invirtió los términos. En un mundo parado, no hace falta el petróleo. Obviamente, el mundo no se ha parado totalmente y por eso todavía se necesita el petróleo, aunque en una cantidad muchísimo menor ya que la demanda se ha derrumbado en alrededor de un 30%, desestabilizando los mercados y generando una caída abrupta en los precios del crudo.

Los distintos actores del mercado mundial tomaron medidas ante esta situación. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) anunció el domingo por la tarde las características del acuerdo para reducir la producción en 9,7 millones de barriles por día (MMbpd) del 1° de mayo al 30 de junio, luego en 7,7 MMbpd del 1° de julio al 31 de diciembre y en 5,8 MMppd del 1° de enero de 2021 al 30 de abril de 2022. Sin embargo, esto parece no haber alcanzado y los precios siguieron en caída libre.

El precio del petróleo se fija a partir de dos grandes mercados, el WTI que es el mercado de EE.UU., y el Brendt, que es el mercado del Mar del Norte que utiliza como referencia nuestro país.

Este lunes, el Brent cayó un 6,5% ubicándose el crudo en 26,10 dólares, mientras que el WTI tuvo una caída de casi el 300%, cerrando a -19,90, algo inédito e impensado.

Esta situación se dio por un alineamiento extraño de ciertos planetas: la baja de la demanda, las limitaciones del almacenamiento, la sobreproducción y los contratos de futuro que hicieron que los compradores de esos contratos debieron vender estos contratos por petróleo ahora o recibir la entrega física del crudo a fines de mayo.

Los traders que comercian barriles de papel no están capacitados para recibir la entrega física del petróleo. Los compradores de estos contratos deben vender estos contratos por petróleo ahora o recibir la entrega física del petróleo a fines de mayo. Por supuesto, un ETF como la USO que comercia con barriles de papel no está ansioso por recibir la entrega física de cualquier cantidad de petróleo, incluso si pudieran encontrar un lugar para almacenarlo. Debieron deshacerse de su petróleo, y debieron hacerlo sin importar el precio.

¿El resultado? Un precio negativo para el petróleo. Sin embargo, esto no afectará a nuestro país y tampoco al mundo. Más temprano que tarde, el petróleo recuperará su valor.

Medio: Clarín

https://www.clarin.com/opinion/coronavirus-paro-mundo-necesitamos-petroleo-_0_Jfn0w2iRc.html

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El coronavirus ataca el petróleo

En lo que va del año los precios del petróleo no paran de caer y cayeron por cuarta semana consecutiva debido a las crecientes preocupaciones sobre el daño económico del coronavirus, que se ha extendido desde China hacia alrededor de 20 países.

Los precios cerraron el mes con una caída de aproximadamente US$ 10 por barril desde el comienzo del año, resultando la mayor pérdida en un enero desde 1991. Este miércoles el Brent se ubicó en US$ 55,47 mientras que el WTI hizo lo propio en US$51,01. La rápida caída de los precios está causando mucha preocupación en la coalición de la OPEP y sus aliados, ya que algunos analistas hablan de precios que podrían caer a cerca de los US$ 40 si la situación del virus empeora.

Esta coyuntura evidencia la fragilidad y volatilidad a la que están expuestos los precios del petróleo en la actualidad. Los precios mundiales del petróleo se recuperaron a fines del año pasado debido a los anuncios de recortes en la producción, seguidos de otro aumento a principios de enero debido a las tensiones en el Medio Oriente. Sin embargo, el crudo Brent cayó hoy en día casi un 17 por ciento desde su máximo de principios de enero.

La caída provocada por el coronavirus en los precios del crudo durante las últimas semanas ha sacudido a algunos países de la OPEP, incluida Arabia Saudita, al darse cuenta de que esperar hasta el 5 y 6 de marzo, según lo programado, para anunciar una potencial ampliación de los recortes de producción puede ser demasiado tarde.

Los miembros principales de la OPEP en Medio Oriente suelen anunciar cómo han asignado sus exportaciones de crudo a sus clientes entre el 10 y el 15 de cada mes. Los programas y asignaciones de carga de marzo ya se han establecido, por lo que cualquier decisión de la OPEP afectaría recién a los envíos de abril. Más allá de los aspectos prácticos, la política de acordar recortes más profundos podría ser complicada.

El último acuerdo alcanzado por la OPEP y sus diez aliados tiene solo un mes de vigencia, que los compromete a un recorte de 1,7 millones de bpd hasta fines de marzo. El acuerdo, firmado en una reunión altamente discutida en diciembre de 2019, vio a Angola abandonar las conversaciones en un momento, mientras que Irak y Rusia se enfrentaron en la negociación de sus nuevas cuotas.

Arabia Saudita, como se esperaba, lidera con el ejemplo, pero si otros productores no logran ejercer su peso u ofrecer más ajustes, ¿el reino actuará unilateralmente si el impacto del coronavirus aumenta y se dispara de aquí en adelante?”, Dijo un analista de Medley Global Asesores Incluso con la caída de la producción de petróleo de Libia en casi 1 millón de bpd debido a un bloqueo de sus puertos, los precios del petróleo tuvieron una presión a la baja durante la semana pasada, ya que los temores de destrucción de la demanda de petróleo superan los recortes en la oferta.

Según los analistas, hasta que se pueda determinar el impacto que tendrá el coronavirus en la economía china y en la demanda de petróleo, los principales actores de la industria seguirán asustados por la posibilidad de una disminución de la demanda de petróleo durante los próximos meses. El acuerdo comercial de Fase Uno entre los Estados Unidos y China puede terminar siendo puro humo, al menos en lo que respecta a la energía.

Los analistas coinciden en que la promesa de China de comprar productos energéticos estadounidenses por valor de US$ 52.400 millones adicionales en 2020 y 2021 por encima de los niveles de 2017 probablemente sea inalcanzable. Si bien China tiene la intención de cumplir todas sus promesas en el acuerdo, con la epidemia del coronavirus que afecta a una gran parte de la industria, el comercio minorista y el transporte no esencial cerrados por un período indefinido, la demanda de petróleo en China e incluso en todo el mundo se reducirá significativamente.

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Canadá y el futuro de las arenas bituminosas

En Canadá, un proyecto energético de US$ 1 mil millones está dividiendo a la nación una vez más, pero esta vez, no tiene nada que ver con gasoductos o incluso terminales de GNL. Es la mina de arenas bituminosas Frontier la que el gobierno federal de Justin Trudeau debe aprobar o rechazar para fines del próximo mes.

Según la mayoría de los analistas, esta decisión sellará para siempre el destino de las arenas petrolíferas canadienses. Muchos ven la aprobación o el rechazo del proyecto de la mina Frontier como crucial para indicar, de una vez por todas, qué es más importante para el gobierno liberal, la protección del medio ambiente o el desarrollo de los recursos minerales de Canadá.

 

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Vaca Muerta y la «batalla energética» del próximo presidente

«Frente a la crítica situación actual, la riqueza potencial de nuestros yacimientos petrolíferos abre el horizonte de un futuro bienestar y grandeza nacional. Es, pues, hacia allí donde debemos canalizar nuestros mayores recursos y energías, puesto que es el camino más corto para alcanzar la meta anhelada. Por eso, atento a la importancia vital que para el porvenir del país tiene la explotación de nuestro petróleo, he decidido, señores legisladores, asumir personalmente la responsabilidad de dirigir Yacimientos Petrolíferos Fiscales»Arturo Frondizi, discurso ante la asamblea legislativa, 1ro de mayo de 1958.-

Unos meses después, el 24 de julio de ese año, Frondizi anuncia lo que llamó «la batalla del petróleo» como única alternativa para lograr el desarrollo económico del país. Esta postura contradecía lo que había escrito unos años antes en su libro Política y Petróleo, pero como reconoció años más tarde, la opción era salvar su prestigio intelectual o salvar el país. Y Frondizi eligió está última opción, asumiendo el liderazgo energético que debe tener todo presidente.

Perón había iniciado este camino cuando en 1955 intenta firmar el contrato con la Standard Oil de California para superar el déficit de producción de petróleo, cuya importación superaba el 20% del total de las importaciones argentinas. Tanto Perón como Frondizi debieron ir contra el dogmatismo ideológico de los «nacionalistas de opereta», como los calificaba Perón, haciendo prevalecer una cuota de pragmatismo para lograr la independencia energética y terminar con las importaciones que limitaban nuestro desarrollo económico.

Hoy, la problemática energética es mucho más compleja y la estructura del sector del petróleo y el gas ha cambiado. Sin embargo, el presidente que asuma el 10 de diciembre se encontrará en una encrucijada similar, falta de dólares y abundantes recursos hidrocarburíferos que es necesario desarrollar.

Gracias a Vaca Muerta, Argentina tiene la oportunidad histórica de superar nuestro sempiterno déficit de cuenta corriente y ubicarnos en un camino de desarrollo sustentable. Para esto, el futuro presidente deberá asumirse como líder energético e implementar las políticas necesarias para que Vaca Muerta se convierta en uno de los motores de nuestro despegue.

Esta tarea requiere que el presidente entienda la problemática energética en toda su complejidad, la cual trasciende los saberes estancos de economistas, ingenieros y reguladores. La energía es un campo del conocimiento interdisciplinario donde confluyen las ciencias sociales y las naturales que definen cinco dimensiones de análisis:

-Económica

-Política

-Social

-Ambiental

-Científico/Técnico

Estas dimensiones deben ser utilizadas en la evaluación de distintos proyectos energéticos y en la implementación de una política energética. Es un error tomar sólo la dimensión económica como criterio para la elaboración de una política energética. Los países centrales entienden este criterio y actúan en consecuencia. Por ejemplo, ponen a la seguridad energética como el objetivo fundamental de esta política.

El cuantioso nivel de las inversiones requerido para convertir Vaca Muerta en el eje de una economía dinámica exportadora de hidrocarburos (unos USD 10 mil millones/año) requerirán no sólo atraer las inversiones de largo plazo, sino también determinar un equilibrio en la distribución de la renta entre los partícipes de la industria, inversores-productores, Estado Nacional, provincias y consumidores.

El futuro Presidente, en su discurso inaugural debería plantear objetivos del mismo nivel estratégico que «la batalla del petróleo» bajo el lema, por ejemplo, «la batalla de la energía: hacia el autoabastecimiento sustentable, capacidad exportadora, competitividad de la economía y el derecho a la energía».

En este sentido, la política energética debe sustentarse en dos pilares:

Seguridad energética: la energía es el recurso maestro de la sociedad, y debe asegurarse su disponibilidad ininterrumpida a un precio asequible para productores y consumidores.

Accesibilidad: la energía en las sociedades modernas es un derecho social, el que debe asegurarse a todos los habitantes, lo cual plantea una tensión esencial entre el valor redituable al inversor y el precio accesible al consumidor.

El Estado debe mediar en esta tensión, fijando tarifas de distribución de la renta compatible con:

-La oferta sustentable de energía

-El consumo de la población

-La competitividad de las empresas

Surge entonces un primer dilema, ¿se pueden desdolarizar las tarifas? La pesificación mejora la posición de los consumidores pero desincentiva a los inversores, mientras que en el segundo caso hace atractiva la inversión pero perjudica la posición del consumidor.

Si bien sería deseable contar con tarifas que no dependan del valor del dólar, y poder fijarlas en pesos conforme al poder adquisitivo y nivel de ingreso locales, debemos reconocer que el valor del petróleo y del gas, que son la base de nuestra matriz energética, se comercializan internacionalmente en dólares, con independencia de los costos en cada país productor.

La tarifa de gas –y también las de electricidad- dependen mayoritariamente del valor del gas en boca de pozo, un precio que no tenemos manera de pesificar, o dicho de otro modo, cualquier valor fijado en pesos en un nivel inferior al equivalente internacional no atraería las inversiones que se requieren para explotar los recursos disponibles.

Este «dilema de las tarifas», es decir, la necesidad de pesificar en la punta del consumidor pero mantener dolarizada la del productor, implica implementar políticas de subsidios definidas a partir de estudios serios, evitando las improvisaciones del pasado.

Es en este punto donde Vaca Muerta muestra una vez más toda su importancia. Además de traernos dólares que nuestro país necesita como el agua, nos permitirá en unos años bajar las tarifas energéticas.

El desarrollo de Vaca Muerta implica generar excedentes exportables y, para esto, el valor del gas tiene que ubicarse alrededor de los 3 dólares/MMBTU para ser competitivo a nivel mundial. Actualmente, en nuestro país, se paga en promedio alrededor de 4,60 para yacimientos convencionales y 6,50 para el gas de Vaca Muerta, es decir, si favorecemos las inversiones el costo de nuestro gas va a bajar un 50% en unos años. Así ocurrió en EEUU. En 2012, el valor del gas en el país del Norte era de 14 dólares el millón de BTU, hoy se ubica en un valor que oscila entre los 2,30 y 2,90. El shale lo hizo posible.

Si desdolarizamos el valor del gas en boca de pozo, será difícil que las empresas inviertan en el desarrollo de Vaca Muerta y deberemos importar gas a un costo de 7 u 8 dólares el millón de BTU, que es el costo actual del GNL. Será peor el remedio que la enfermedad. Ni el Estado argentino ni YPF tienen hoy la capacidad financiera para desarrollar Vaca Muerta. Nos guste o no, necesitamos las inversiones y el compromiso de las petroleras internacionales.

Por último, para dinamizar el desarrollo de Vaca Muerta, proponemos la creación de una Agencia Vaca Muerta que concentre las decisiones y gestione su desarrollo a partir de políticas de mediano y largo plazo que trasciendan las políticas coyunturales de un gobierno. Será un instrumento fundamental para la batalla de la energía.

Toda batalla necesita un general, esperemos que el próximo presidente asuma este rol con convicción y conocimientos.

Victor Bronstein es director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (CEEPYS), profesor titular y ex director del Instituto del Gas y del Petróleo, UBA

Héctor Helman es investigador Asociado del CEEPYS y ex director de la Comisión Nacional de Valores

 

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El Toro de Wall Street desafía a Vaca Muerta

La producción de los pozos no convencionales en EE.UU. mostró ser más baja que lo que se esperaba años atrás. Los mercados miran de cerca si seguirán financiando los proyectos.

Los recursos no convencionales de petróleo y gas lograron desviar la historia. En 2007, el mundo avanzaba hacia un colapso energético y a importantes conflictos por los recursos petroleros. China e India impulsaban un fuerte crecimiento de la demanda y había dificultades para satisfacerla. En ese año el mundo consumía 85 millones de barriles por día y EE.UU. 20, de los cuales producía sólo 5,8 millones e importaba el resto. Su dependencia del petróleo extranjero alcanzaba casi el 70%.

Ante esa situación, EE.UU. y los países OCDE comenzaron a ensayar distintas estrategias para salir de la dependencia del petróleo: promocionar los biocombustibles, incentivos y subsidios para el desarrollo de energías renovables, programas de eficiencia energética y miles de millones de dólares para investigación en tecnología y nuevas fuentes de energía. Estas decisiones se tomaban en función de la seguridad energética, no del costo fiscal de los proyectos. En 2008, el barril de crudo alcanzó los USD 147. El mundo temblaba.

Este panorama crítico impulsó el desarrollo de los recursos no convencionales: off shore de aguas profundas, arenas bituminosas en Canadá y, en EE.UU. el desarrollo del shale y tight de petróleo y gas. Estos últimos eran recursos que se conocían desde principios del siglo XX, pero no se sabía cómo extraerlos del subsuelo. Un viejo adagio de los petroleros norteamericanos profetizaba: «El shale es el recurso del futuro, y siempre lo será». La industria no confiaba en poder extraerlos, pero el gobierno norteamericano no perdía las esperanzas, el petróleo es irreemplazable.

Después de la segunda crisis petrolera de 1979, el Departamento de Energía de EE.UU. comenzó a investigar la manera de obtener esos recursos providenciales y lanzó el proyecto Eastern Gas Shales en la cuenca de los Apalaches, en una formación shale rica en gas natural. El proyecto, apoyado por el DOE, probó el uso de espuma de nitrógeno para fracturar estas formaciones y su análisis condujo a una comprensión más profunda de las fracturas naturales del shale.

A partir de estos antecedentes, en 2007 George Mitchell, experimentado geólogo y dueño de Mitchell Energy, estudió esos resultados para concretar la primera perforación utilizando fractura hidráulica a gran escala en la formación Barnett, cerca de Fort Worth, Texas. La compañía se basó en las investigaciones del Laboratorio Nacional de Sandia para mapear las fracturas de shale en los pozos. La empresa también se benefició de los créditos fiscales federales para perforaciones no convencionales que ayudaron a financiar el costo del desarrollo de la fractura hidráulica. Así, además de la inversión e iniciativa privada, el Estado Federal se hizo cargo de apoyar el desarrollo de estos recursos porque hacían a la seguridad nacional.

Gracias al shale, hoy EE.UU. logró compensar la declinación en la producción de gas y petróleo convencional, se ha convertido nuevamente en el mayor productor de petróleo del mundo con más de 11 millones de barriles diarios, y se encamina a alcanzar su independencia energética. En la última década, se han perforado más de 70 mil pozos no convencionales y se han producido más de 10 mil millones de barriles a partir de proyectos financiados por inversores de Wall Street. Sin embargo, el futuro no es tan claro; hoy están en discusión los costos del shale, la productividad de los pozos y la rentabilidad de las empresas petroleras, datos que Wall Street analiza permanentemente para seguir financiando a las empresas productoras.

En este sentido, un hecho significativo fue la publicación, el 2 de enero, de un artículo en el Wall Street Journal: «El problema secreto del Fracking: los pozos de petróleo no producen tanto como estaba previsto». La bajada de la nota destaca que: «el análisis de datos revela que miles de locaciones están rindiendo menos de lo que las empresas proyectaron»; habla de una «imagen ilusoria» de las perspectivas según el análisis realizado por Rystad Energy y confirmado por otras firmas consultoras de energía. La historia concluye que «miles de pozos de shale perforados en los últimos cinco años están produciendo menos petróleo y gas de lo que las empresas pronosticaron para los inversores, lo que plantea dudas sobre la fortaleza y la rentabilidad del shale«. Estas conclusiones se hicieron a partir del análisis de unos 16 mil pozos operados por los 29 productores más importantes de shale oil en EE.UU.

Al principio del artículo, el Wall Street Journal aclaró que «el pronóstico crítico no significa que la producción de petróleo de EE.UU está a punto de caer». Sin embargo, gran parte de la nota apuntó a la conclusión de que una cantidad importante de los recursos proyectados para los próximos años podrían no producirse ya que, como muestra una investigación de la empresa Schlumberger, la productividad de los pozos baja hasta un 30% cuando se perforan pozos secundarios, fuera de los sweet spot. Así está ocurriendo en Permian, la formación más productiva de EE.UU., ubicada en el oeste de Texas.

Hay otros ejemplos, todos muestran que, con los precios actuales, la producción acumulada de los pozos de shale puede no alcanzar para cubrir los costos. La nota señaló también que las 29 compañías estudiadas gastaron USD 112 mil millones más de lo que generaron en sus operaciones de los últimos diez años. En el mismo sentido, otros estudios mostraron que sólo un tercio de las empresas que operan en Permian tuvieron cash flow positivo en el tercer trimestre de 2018. Si bien todavía los inversionistas confían y continúan financiando la producción de shale, en algún momento esta situación puede cambiar si los precios no acompañan.

Lo que está ocurriendo en EE.UU. es un alerta para nuestro país y desafía el desarrollo de Vaca Muerta. Estamos recorriendo un camino similar en un contexto distinto. Los primeros pasos en el desarrollo del shale se dieron cuando el gas en boca de pozo estaba a USD 14 el millón de BTU, el barril de petróleo a USD 100 y el gobierno norteamericano impulsaba ese desarrollo. Hoy, el crudo está a USD 60 y el precio del gas está en discusión en nuestro país con un gobierno dubitativo y condicionado. Como demuestra la historia del shale y el informe del Wall Street Journal, la rentabilidad de estos recursos es crítica y, por consiguiente, es necesario tanto la inversión empresaria como el apoyo del Estado y cierto esfuerzo fiscal para que Vaca Muerta pueda desarrollarse de manera sustentable. El recurso está. Esperemos que la política acompañe. Necesitamos a Vaca Muerta.

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El combo de la energía

Por Víctor Bronstein, Medio Página 12.

La energía es un campo de conocimiento donde confluyen las ciencias sociales con las naturales. Esta perspectiva académica, que permite comprender en toda su complejidad la cuestión energética, se traduce en términos de gobierno como que la gestión de la energía requiere de conocimientos técnicos y sabiduría política.

Estos dos elementos han faltado en los tres años de  gestión energética del gobierno de Macri y son la causa principal de su desconcierto, que lo llevó a cambiar tres ministros en tres años y a poner como fundamento de su gestión el aumento de las tarifas. La renuncia de Iguacel y el nombramiento de Lopetegui como nuevo secretario de energía parecieran agravar esta situación. Aranguren e Iguacel tenían, por lo menos,  conocimientos técnicos y cierta visión estratégica en un campo donde las políticas de mediano y largo plazo son imprescindibles. Con Lopetegui, la política energética pareciera reducirse a una cuestión de costos, tarifas e impacto fiscal.

Sin embargo, la energía es la base de la vida y la sociedad y nuestras sociedades modernas se caracterizan por ser sociedades de alta energía donde el consumo energético es una medida de la calidad de vida de los ciudadanos. El gobierno plantea, para justificar los permanentes aumentos tarifarios, que hay que pagar la energía por lo que vale, confundiendo así el costo de la energía con el valor de la energía. El valor de la energía está dado por el hecho de que, en nuestro país y en el mundo, es considerada un derecho social y los estados deben ocuparse de tutelar este derecho estableciendo políticas de acceso a la energía, más allá de su costo.

Así, la electricidad y el gas se definen como un servicio público y el Estado es el responsable del servicio y de establecer las tarifas. En nuestro país, a partir de las reformas de la década de los 90, es un servicio público de gestión privada y por eso la definición de las tarifas genera tensiones permanentes entre las empresas prestadoras de los servicios y los usuarios. Es en esta tensión donde el Estado debe establecer los criterios para una política energética que contemple distintos criterios. Uno de ellos, propio de la lógica individualista neoliberal, es definir que se pague por la energía lo que cuesta. Otro, más inclusivo, es reconocer el derecho a la energía y que el Estado establezca la manera de alcanzar este objetivo.

Es en este punto donde el gobierno tiene un planteo equivocado al poner el énfasis sólo sobre los costos y negar los subsidios por una cuestión de principios. Europa y EE.UU. han desarrollado sus políticas energéticas en base a subsidios y con una estrategia a largo plazo. Desde garantizar el acceso a la energía hasta promover políticas para el desarrollo de los biocombustibles con el objetivo de disminuir su dependencia del petróleo importado. Una política energética no puede establecerse sólo a partir del impacto fiscal. Es más, en los países desarrollados que el gobierno toma como ejemplo, la política energética se sustenta en dos pilares: Seguridad Energética y Accesibilidad. En Argentina, la seguridad energética sólo se garantiza con el autoabastecimiento de gas y petróleo, por eso es correcto subsidiar el desarrollo de Vaca Muerta, aunque tenga un costo fiscal.

Un ejemplo de política energética estratégica es EE.UU. En ese país, el Departamento de Energía se ocupa de cuestiones regulatorias junto con las distintas comisiones estaduales de servicios públicos, cuyos integrantes son elegido por voto popular Sin embargo, la política energética depende del Departamento de Estado, ya que consideran a la energía una cuestión de seguridad nacional. Por eso, subsidiaron el desarrollo de los recursos no convencionales, las energías renovables y mantienen una flota en el estrecho de Ormuz para garantizar la salida del petróleo de los países del Golfo. El costo fiscal es enorme, pero entienden que el valor de la energía es mucho más que su costo. Como contraste, en la Argentina de hoy, la Secretaría de Energía depende del Ministerio de Hacienda y su preocupación es cumplir con el FMI.

La complejidad de la cuestión energética emerge una vez más al tratar de compatibilizar la seguridad energética y la accesibilidad. Esto genera una tensión esencial: las tarifas deben ser lo suficientemente altas para garantizar las inversiones necesarias para la seguridad energética, pero también lo suficientemente bajas para que toda la población tenga acceso a la energía. Para resolver esta tensión esencial hace falta sabiduría política, algo que el gobierno, hasta ahora, no ha mostrado.

* Director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad. Profesor UBA.

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Petróleo: La demanda seguirá creciendo, Shell se equivoca

Martín Bronstein

Gracias al impulso generado por la revolución del shale en EE. UU., la producción mundial de petróleo ha aumentado en más del 20 por ciento en los últimos 15 años. Este incremento, impensado hace diez años, ha adormecido las predicciones apocalípticas de la teoría del peak oil, pero todavía no sabemos si las ha eliminado definitivamente. Sin embargo, hay que reconocer que la hipótesis del peak oil, tal como la plantearon en 1996 Colin Campbell y Jean Laherrèrre, no afirmaba que el petróleo se iba a agotar en el corto plazo, sino que se iba a alcanzar un máximo de producción mundial de los recursos convencionales antes de 2010. Esta hipótesis fue confirmada, cuando la producción convencional alcanzó en 2009 un pico de 75 millones de barriles diarios. Los autores también reconocían la posibilidad del desarrollo de los recursos no convencionales para superar el pico de producción convencional y acompañar el crecimiento de la demanda. Sin embargo, también plantearon que el agotamiento de los recursos convencionales y fáciles de extraer traería como consecuencia el fin del petróleo barato. En este punto, la hipótesis del peak oil ha sido certera, más allá de la volatilidad de los precios.

Hoy, la industria del petróleo teme una nueva amenaza generada, ya no por el pico de producción, sino por el temor a alcanzar el pico de demanda a nivel mundial, generando una nueva preocupación en la industria. De hecho, no son sólo los grupos ecologistas que se oponen al uso de los combustibles fósiles los que proclaman esta situación; uno de los principales productores de petróleo (Royal Dutch Shell) afirma en uno de sus últimos estudios prospectivos que el consumo mundial de petróleo pronto alcanzará su pico y luego comenzará su declive terminal. No está claro si estas afirmaciones la empresa las hizo ante la presión de los grupos que sostienen el carácter antropogénico del cambio climático o a partir de estudios prospectivos serios. También es interesante destacar que esta preocupación ha marcado la historia de la empresa angloholandesa. La teoría del Peak Oil fue enunciada por M. King Hubbert, geofísico que trabajaba para Shell en EE.UU. con el objetivo de dar respuesta al temor de la empresa sobre la demanda de petróleo futura ante la irrupción de la energía nuclear. Hoy, el sustento de esta postura es el crecimiento de las ventas de vehículos eléctricos y la necesidad de implementar políticas para reducir el uso de petróleo con el objetivo de combatir el cambio climático. Es cierto que, por primera vez en más de un siglo, el mundo puede vislumbrar un futuro sin petróleo, sin embargo, esto todavía es incierto y seguramente llevará varias décadas. En este contexto, tanto los modelos de la Administración de Información de Energía (EIA) como la Agencia Internacional de Energía (AIE) han pronosticado repetidamente una mayor demanda de crudo. Hoy, el petróleo sigue siendo la fuente de energía más importante del mundo, ya que suministra el 35 por ciento de toda la energía utilizada y es el combustible que utiliza el 95% del transporte. El vínculo entre el crecimiento económico y el uso del petróleo puede verse desde una variedad de perspectivas, pero los dos claramente avanzan en conjunto.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el petróleo se ha constituido como la principal fuente de energía y alimenta el motor económico mundial. La demanda sigue en constante crecimiento: 61 millones de barriles por día (MMbpd) en 1980, 77 MMbpd en 2000 y 100 MMbpd este año. En los últimos 33 años, la demanda mundial anual de petróleo solo no ha aumentado tres veces, de manera contundente, en tiempos de recesión económica. La demanda global de petróleo y el desarrollo económico

Fuente: EIA

En muchísimas actividades, el petróleo todavía no tiene ningún sustituto significativo, por lo tanto, no hay evidencia de que la demanda mundial de petróleo alcance su punto máximo en el corto plazo. Alrededor del 85 por ciento de la población mundial vive en países en vías de desarrollo, como China, India, Pakistán y Nigeria. Tienen una gran población y sus futuras necesidades de transporte dependen de más petróleo y ahora están comenzando a verse. Estos países, naturalmente buscan crecer y aumentar su riqueza, y la historia de Occidente les ha mostrado que la salida de la pobreza requiere, de manera indispensable, la construcción de una amplia infraestructura de transporte basada en el petróleo. Estos sistemas son capaces de lograr economías de escala masivas que proporcionan grandes cantidades de energía a bajo costo. Para ilustrar el alto valor del petróleo, las naciones ricas de la OCDE consumen el 46 por ciento del total mundial, a pesar de ser sólo el 15 por ciento de la población. Los números a favor del petróleo son abrumadores. La flota global de vehículos de pasajeros basada en el petróleo es de alrededor de 1.500 millones, con 95 millones de nuevos comprados solo este año. En total, hay menos de 5 millones de autos eléctricos en operación, un nicho de mercado en crecimiento, pero que no está cerca de reducir la demanda de petróleo de manera significativa. De hecho, solo lograr una participación de mercado del 20 por ciento del total de las ventas mundiales de automóviles para el año 2040 sería un gran logro para quienes operan con electricidad, pero no lo suficiente como

para reducir significativamente las necesidades de petróleo, ya que una mayor cantidad de aviones y camiones pesados lo compensarán, además del crecimiento de la petroquímica. Incluso con incentivos y enormes subsidios, los automóviles eléctricos son todavía más caros que los convencionales basados en petróleo. Este es un problema importante para las naciones más pobres que son las que generan casi toda la nueva demanda de petróleo en el mundo. Hoy, con menos del 1% de la población mundial capaz de pagarlos, los autos eléctricos realmente son «juguetes para ricos». Hasta que veamos una disminución absoluta en la demanda mundial de petróleo durante varios años (no solo una disminución en el crecimiento incremental), la idea de «pico de demanda de petróleo” carece de fundamento. Entonces, si bien es comprensible que empresas como Shell quieran salir del petróleo y posicionarse como “grandes jugadores del gas natural” en la era del cambio climático y las políticas contra el carbono, se les recomienda recordar que el futuro del petróleo es todavía brillante.

 

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Todavía no podemos escribir el obituario de los combustibles fósiles

Por Víctor Bronstein 

El último informe publicado por la Agencia Internacional de Enegía: World Energy Outlook 2018, que apareció el 13 de noviembre, proyecta que, a pesar del crecimiento sostenido de las energías renovables, los combustibles fósiles aportarán más del 72% de la energía que se consumirá en 2040.

Según el WEO 2018, uno de los informes de pronósticos de energía más importantes que se publica anualmente, la demanda mundial de petróleo alcanzará su punto máximo en 2040, aunque, paradójicamente, una escasez de suministro de petróleo podría surgir antes de esa fecha. Las proyecciones del informe señalan que la demanda mundial de petróleo aumentará en 1 millón de barriles por día (mb / d) cada año hasta el 2025, antes de disminuir drásticamente a 0,25 mb / d a partir de entonces.

 

 

Los vehículos eléctricos ya están avanzando en el sector del transporte, y se espera que se acelere en los próximos años. A mediados de la década de 2020, la AIE dice que la demanda de petróleo alcanza su punto máximo en el mercado de vehículos de pasajeros, incluso a pesar de que las ventas de vehículos aumentarán un 80% hasta 2040. La agencia prevé 300 millones de vehículos eléctricos en los caminos para 2040, que deberían desplazar a unos 3,3 millones de barriles de la demanda de petróleo. Aún así, la demanda sigue creciendo y no alcanza su punto máximo hasta 2040, lo que, en este punto, es una estimación bastante conservadora en el universo de pronósticos de demanda máxima. La razón de esto es que la AIE cree que otros sectores comienzan a adquirir una importancia creciente en el impulso de la demanda de petróleo. Todos piensan que los automóviles y los camiones son la principal fuente de demanda de petróleo, pero en las próximas dos décadas, los productos petroquímicos, la aviación y los camiones pesados representarán la mayor parte del crecimiento de la demanda. Aquí hay algunas cifras clave en el pronóstico principal de la AIE:

Los productos petroquímicos tendrán un crecimiento de la demanda de 5 mb / d, el más grande de todos los sectores. • Los camiones pesados representan un crecimiento de la demanda de 4 mb / d hasta 2040, a pesar de que las eficiencias logísticas y de los vehículos ahorran casi 5.5 mb / d de crecimiento de la demanda adicional. • Las economías en desarrollo sumarán más de 5 mb / d de crecimiento de la demanda de vehículos de pasajeros, pero esto se verá compensado por la disminución de la demanda (en gran parte debido a los vehículos eléctricos) en las economías avanzadas.

Por el lado de la oferta, EE. UU. aportará aproximadamente las tres cuartas partes del aumento de la producción mundial de petróleo hasta 2025, una cifra sorprendente. Pero el shale comienza a desvanecerse en términos de importancia después de esa fecha, y la OPEP recupera su posición como la principal fuente de crecimiento de la oferta. De hecho, la AIE plantea que a pesar de que el shale de EE. UU. sigue creciendo, existe el peligro de que el mercado del petróleo se vuelva excesivamente dependiente de este recurso no convencional. Después de la caída del precio del petróleo en 2014, la industria petrolera recortó drásticamente las inversiones. Esto se ha traducido en menos descubrimientos y menos nuevos proyectos en desarrollo. La inversión global comenzó a aumentar en el último año, pero solo lentamente, y la AIE teme que a este ritmo, el mercado del petróleo pueda verse afectado por un problema de suministro en la década de 2020. La agencia se ha mantenido en esta línea de argumentación desde hace algunos años, y la perspectiva de este año no fue diferente. «Si estas aprobaciones no se recuperan drásticamente de los niveles actuales, la producción de tight oil de EE. UU. tendría que crecer a más de 15 mb / d para 2025 para satisfacer la demanda», advirtió la AIE. Pero está lejos de ser claro si el shale norteamericano puede alcanzar hasta 15 mb /d. De hecho, el caso base de la AIE considera una producción de shale de EE. UU. con un máximo de 9.2 mb /d a mediados de la década de 2020. Si la inversión en recursos convencionales no aumenta dramáticamente y el shale de EE. UU. no pueden asumir la enorme tarea de crecer a 15 mb / d, «existe una posibilidad real de que los precios aumenten y que haya una mayor volatilidad», advirtió la Agencia. En general, el mensaje de la AIE es que la demanda de petróleo crecerá en el mediano plazo antes de aplanarse y finalmente alcanzar un pico en 2040. Pero mientras tanto, el déficit en las inversiones de las compañías petroleras podría traducirse en una escasez de suministro a mediados de la década de 2020. En ese caso, el mundo podría enfrentarse a una crisis energética impensada, ya que el petróleo y los demás combustibles fósiles proveen más de 2/3 de la energía global.

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Vaca Muerta: fortaleza económica y debilidad política

Por Víctor Bronstein

Los abundantes recursos no convencionales de petróleo y gas con que cuenta nuestro país están cambiando radicalmente el panorama y el destino energético de Argentina. Entre estos, Vaca Muerta es la estrella. Sin embargo, a pesar del encandilamiento que nos provoca el brillo de este “player” de la industria petrolera, es importante hacer un análisis un poco más profundo de lo que significa esta formación para alcanzar un desarrollo energético soberano.

Desde sus inicios, el petróleo trascendió la cuestión económica y se convirtió en un recurso estratégico para el desarrollo de los países, siendo fuente de conflictos, guerras e invasiones.  Esto tiene su explicación. La fuente de energía que permitió la expansión del capitalismo en el siglo XIX fue el carbón. Y tanto Estados Unidos como Europa tenían carbón en sus territorios. En cambio, cuando a principios del siglo XX el petróleo empieza a cobrar una importancia estratégica como fuente de energía única por sus cualidades, los países europeos, que no tenían ese recurso, salen a conseguirlo en Medio Oriente y en América Latina. Nace así la geopolítica del petróleo, donde sobresalen tres actores: los países productores, los países consumidores y las grandes empresas petroleras. La dinámica entre ellos ha marcado la historia del petróleo y sus conflictos.

En nuestro país, Mosconi trata de salir de esta dinámica impulsando la creación de YPF y tratando de alcanzar el autoabastecimiento como forma de lograr nuestra soberanía energética. Sin embargo, las características geológicas de nuestro país hicieron que el autoabastecimiento petrolero fuera un objetivo que sólo se cumplió durante breves períodos de nuestra historia y cuando se permitió la participación de otras empresas además de YPF. Esto lo entendió bien Juan Domingo Perón, cuando en 1955 intenta firmar el contrato con la California para la exploración en la Patagonia. Por eso, a los que se opusieron a este acuerdo, los llamó “nacionalistas de opereta”. El tema no es si aceptamos la participación o no de empresas privadas, sino las condiciones en que lo hacen. Lograr el autoabastecimiento era fundamental para nuestra seguridad energética y Argentina era un país con petróleo, no un país petrolero. Teníamos petróleo, pero no mucho. Hasta Vaca Muerta.

Hoy, a partir del desarrollo de los recursos no convencionales, Argentina se encamina a ser un país petrolero y con capacidad exportadora. La potencialidad de Vaca Muerta es incontrastable. Su desarrollo nos permitirá revertir el declino inevitable de la producción de petróleo y gas de los yacimientos convencionales y lograr el autoabastecimiento de manera sustentable. Para 2030, la producción de petróleo podría pasar de los actuales 500 mil barriles/día a más de un millón. La producción de gas, de los 130 millones de m3/d a 250 millones de m3/d.

Las perspectivas económicas son promisorias. En 2017, se han invertido más de 7 mil millones de dólares y este nivel de inversión se repetirá anualmente. Si se cumplen con las previsiones de producción, Argentina podría llegar a exportar entre 25 y 30 mil millones de dólares anuales entre petróleo y gas, valores similares a las exportaciones del complejo agroindustrial.

Sin embargo, la producción de los recursos no convencionales tiene características geológicas y tecnológicas diferentes a la explotación convencional. Los pozos declinan rápidamente su producción. Esto implica desarrollar un sistema de perforación permanente y, consecuentemente, grandes inversiones anuales. Esta situación hace que sea imprescindible la participación de empresas privadas, la mayoría de ellas extranjeras, que, lógicamente, persiguen un objetivo económico independientemente de las necesidades que pueda tener nuestro país. Soberanía energética no es sólo autoabastecimiento, sino también capacidad de establecer una política energética para el desarrollo y poder definir los precios de la energía que sea accesible a todos los ciudadanos.

Tiempos novedosos, tendremos autoabastecimiento sin soberanía y nuestra seguridad energética será débil. Una tranquilidad económica y una preocupación política.

Medio: Página 12

https://www.pagina12.com.ar/150386-de-pais-con-petroleo-a-pais-petrolero

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