El mundo en guerra: El ataque a Irán también es contra China.

Hemos postergado escribir sobre la guerra de Irán y su impacto en los mercados energéticos.
Queríamos darnos tiempo para entender, dentro de lo posible, los motivos, no solo las
consecuencias, de la decisión de Trump junto con Israel de atacar a Irán. Obviamente, El
impacto en los mercados energéticos ante la posibilidad del cierre del Estrecho de Ormuz eran
previsibles. Sin embargo, recién hoy el barril superó los 100 dólares.

Lo que todavía no es previsible es hasta cuanto puede llegar el petróleo y cuál es la duración de
esta crisis. ¿El precio del crudo aumentará unas semanas y después volverá a sus niveles
previos al conflicto como afirma el presidente Trump? ¿Hasta cuánto puede subir el barril?
También nos costaba entender el momento elegido para el ataque y contra quien iba dirigido
realmente. ¿Sólo Irán es el objetivo, o el enemigo también es China?

Todo esto es especulación. Hay una cuestión más amplia y a la vez más sencilla que nos enseña
la historia: una vez que comienzan las guerras, desarrollan vida propia. Las consecuencias
económicas, políticas y estratégicas son desconocidas, pero nos muestran la fragilidad de los sistemas energéticos y de suministro globales. Casi con toda seguridad las consecuencias serán
grandes.

Hemos leídos docenas de artículos sobre el conflicto, tanto a favor como en contra de la
decisión del ataque. A primera vista, por las declaraciones del presidente Trump, pareciera que
estamos ante una guerra impulsada con urgencia por alguna información sobre el poder militar
de Irán. Algunos dicen que Israel aprovechó la política errática del presidente de Estados
Unidos en distintos escenarios para embarcarlo en esta aventura.

¿Estaba realmente Irán cerca de conseguir realmente su bomba nuclear a pesar del ataque de
Estados Unidos e Israel del año pasado y que supuestamente habían anulado esta capacidad?
¿Es cierto que China estaba proveyendo misiles que podrían atacar a las fuerzas
norteamericanas en la región?

Irán suele ser acusado como patrocinador del terrorismo y un factor de desestabilización
regional. Cada uno de estos encuadres analiza un problema real, pero ninguno captura lo que
realmente importa. La cuestión nuclear, el apoyo a las milicias que se extiende desde Líbano
hasta Yemen, la arquitectura de seguridad del Golfo solo adquiere su significado completo
cuando se leen en el contexto de la gran estrategia china.

De hecho, Pekín ha invertido años y miles de millones de dólares en convertir a Irán en lo que
podríamos llamar un activo estructural. Todo lo que ocurre en Oriente Medio surge de este
hecho. Por eso la Operación Furia Épica es la primera campaña militar estadounidense que
amenaza con acabar con ese activo. Al atacar directamente a Irán, Washington intenta
desmantelar un pilar de la arquitectura regional de China.

A fines de febrero, Reuters informó que Teherán estaba cerca de un acuerdo con China para
comprar misiles de crucero antibuque. El acuerdo para los misiles CM-302 de fabricación china
está a punto de completarse, aunque no se ha acordado una fecha de entrega, dijeron
personas con acceso a la información. Los misiles supersónicos tienen un alcance de unos 290
kilómetros y están diseñados para evadir las defensas a bordo de los barcos volando bajo y
rápido. Su despliegue mejoraría significativamente las capacidades de ataque de Irán y
representaría una amenaza para las fuerzas navales estadounidenses en la región, dijeron dos
expertos en armas.

Estos episodios ponen en evidencia la naturaleza de la competencia de poder entre Estados
Unidos y China. De hecho, aunque los observadores prefieren enmarcar la política del
presidente Trump sobre China de como una guerra comercial, los aranceles y otras medidas
económicas son simplemente instrumentos que la Casa Blanca está desplegando en una guerra
mayor contra el eje chino.

Según informes de inteligencia, a pesar del ataque del año pasado, Irán estaba a muy poco
tiempo de poder producir un arma nuclear. Tienen material nuclear que puede convertirse en
material de calidad para bombas básicamente en un par de semanas, suficiente para unas 11
bombas. En realidad, todavía les falta desarrollar el tipo de disparadores y la armamento para
poder convertir este uranio enriquecido en una bomba funcional y necesitan hacer pruebas.
¿Serán ciertos estos informes de inteligencia o son la excusa para justificar el ataque?

Ante esta supuesta amenaza, los responsables políticos estadounidenses e israelíes
convergieron y decidieron atacar ahora, antes de que Irán logre tener armas nucleares y misiles
balísticos intercontinentales. Desde un punto de vista estratégico a largo plazo, tiene sentido
tener esta batalla ahora y no más adelante. El objetivo final es asegurarse de que Irán pierda
por completo su capacidad de producir un arma nuclear.

Eso significa que necesitan destruir o capturar todo el uranio enriquecido que ya tienen, que
según informes les permitiría construir hasta 11 bombas atómicas. Necesitan destruir todas sus
instalaciones y tecnología que se usan para producir y refinar este uranio. Y también necesitan
eliminar por completo su capacidad de misiles balísticos porque solo esa capacidad de misiles
ya es suficiente para amenazar la existencia de Israel. Y también se supone una amenaza para
Europa porque estos misiles pueden llegar hasta Inglaterra.

Resolver estas cuestiones no es sencillo ni rápido. En teoría, hay tres formas de hacerlo. La
primera forma es que los iraníes entren en una negociación para eliminar sus programas, como
ocurrió en las últimas semanas previas al ataque. Para eso tendrían que aceptar que entraran
veedores que obliguen a desmantelar su programa nuclear de forma verificada, algo que no se
pudo hacer el año pasado con el ataque aéreo de Estados Unidos. Y tendrían que aceptar
también desmantelar sus capacidades de fabricación de misiles de forma verificable.

Eso no va a ocurrir. Irán no es Venezuela. No hay ningún líder en Irán que permita ese nivel de
humillación. Así que realmente solo quedan dos alternativas más sobre la mesa. Una es que
simplemente se destruyan estas capacidades mediante la intervención militar. Pero para lograr
este objetivo se requerirán tropas sobre el terreno, no alcanza con tirar bombas o misiles.
La otra posibilidad es que se produzca un cambio de régimen y un nuevo régimen amigable con
Washington acepte renunciar a su capacidad de misiles balísticos y renuncie al programa
nuclear a cambio de que Estados Unidos apoye al nuevo régimen, elimine las sanciones, le dé
ayuda y apoyo económico y político para poner en marcha la nación bajo un nuevo sistema.
De estas tres posibilidades, la única alternativa segura para Occidente es la del cambio de
régimen. Pero es la alternativa más difícil de lograr. Hasta ahora, la experiencia mundial es que
pocas veces se logra desde afuera imponer un nuevo sistema. Existen cuestiones culturales y
religiosas. Y existe China.

Aunque se destruya físicamente todas las capacidades de Irán en esta campaña bélica,
mientras el régimen teocrático esté en el poder, siempre intentarán reconstruir su poderío
bélico. Será solo cuestión de tiempo para que reconstruyan su capacidad de misiles balísticos y
que intenten avanzar con su capacidad nuclear. Estados Unidos piensa que no hay forma de
eliminar esta amenaza existencial sin un cambio de régimen.

Esto la Casa Blanca no lo dice explícitamente porque la idea del cambio de régimen es
impopular en Estados Unidos. Los estrategas en Washington quieren ese cambio, tanto como
por una cuestión de seguridad nacional como una necesidad de contener a China y su
estrategia en Medio Oriente. Desde el punto de vista israelí, están convencidos de que la única
forma de estar seguros a largo plazo es conseguir un cambio de régimen en Irán.
Pero intentar un cambio de régimen, es una campaña muy compleja, de varias semanas y tal
vez varios meses, donde hay que poner fuerzas sobre el terreno para lograrlo. Incluso, solo para destruir sus capacidades de misiles que tienen enterrados profundamente bajo tierra y
que tienen bien protegidas y bien ocultos, va a requerir también una campaña prolongada que
implicará tropas en el terreno.

Algunos analistas como James A. Kostohryz, CEO y Global Portfolio StrategistAcumen, plantean
que el mercado no está viendo el panorama general. Coincide que, desde un punto de vista
estratégico, estos objetivos de Estados Unidos e Israel no pueden alcanzarse en un corto
periodo. Solo se puede cumplir con una campaña a largo plazo de varias semanas o
probablemente de varios meses.

Trump habló de 4 o 5 semanas, pero también dijo que no iba a permitir que se cierre el
Estrecho de Ormuz y que iba a acompañar los barcos petroleros con buques de la armada
norteamericana y eso no se pudo cumplir. Irán mostró su capacidad para mantener el Estrecho
cerrado y definir qué barcos pueden pasar y cuáles no, pensando en los que llevan petróleo a
China. En estas condiciones, los precios subirán por encima de los 100 dólares el barril y tal vez
más.

Otra cosa que hicieron los iraníes, además de bloquear el Estrecho de Ormuz, es que atacaron
a sus vecinos del Golfo, grandes exportadores de petróleo. Los iraníes han declarado
públicamente en el pasado que, si la soberanía de su nación está amenazada o si no pueden
exportar su propio petróleo, ni una sola gota podrá salir de la región de Oriente Medio.
Además del bloqueo de Ormuz, la otra alternativa que tienen y a la que aún no han recurrido
del todo es atacar la infraestructura de producción de sus vecinos. Han atacado un importante
puerto petrolero en Baréin. Atacaron una instalación de procesamiento de petróleo muy
importante en Arabia Saudí, pero esto es solo un adelanto. Todavía han atacado muy poco la
infraestructura petrolera.

El viernes hubo algunos ataques a Arabia Saudita e Irán pidió rápidamente disculpas, pero no
se sabe si fue un error o una manera de recordarle a los países del Golfo que podría hacerlo. El
riesgo es que en algún momento estas naciones se verán obligadas a responder militarmente y
eso le daría a Irán la excusa para atacarlos. Hasta ahora, han mostrado contención porque
temen entrar en guerra con Irán donde el régimen empiece a disparar sus misiles más potentes
contra su infraestructura petrolera y destruya esencialmente sus economías.

Está claro que esto sería una escalada con profundas implicancias. en el mercado petrolero
mundial. Si las naciones del Golfo, como Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, entran
en conflicto con Irán, podemos esperar ver precios del petróleo de 200 dólares, quizá incluso
300 dólares. La combinación de bloquear el Estrecho y también atacar la exportación,
producción y procesamiento de petróleo en los países del Golfo son los mayores riesgos
actuales para la economía global que que podría provocar recesiones en todo el mundo.
Trump podría pronto buscar una salida a la crisis que ayudó a crear. Irónicamente, eso podría
dejar a Irán con la mano más fuerte, al menos por el momento.

Trump es inteligente, pero no es un pensador sistémico. Seguramente sabía que atacar a Irán
aumentaría los precios del petróleo y el GNL. Sus propios comentarios sugerían que la
Operación Furia Épica no sería un ataque breve seguido de una salida limpia. Pero, ¿anticipó la
posibilidad de que el Estrecho de Ormuz pudiera ser efectivamente cerrado? ¿Consideró losefectos en cascada en la cadena de suministro para el petróleo, gas natural, fertilizantes,
alimentos, agua y otros productos esenciales si el estrecho se interrumpía, aunque fuera
brevemente? ¿Entendía lo rápido que podían agotarse los arsenales militares y lo poco a poco
que podían ser reemplazados? Puede que nunca lo sepamos, y puede que no importe.
Lo que pareciera es que ya está sentando las bases para una salida. Su discurso sobre la
«rendición incondicional» suena menos a un objetivo militar realista y más a una rampa de
salida retórica. En la práctica, significa que anunciará una victoria aplastante cuando decida
que ha terminado, independientemente de los hechos y los objetivos sostenidos.
Quedarán consecuencias. El mundo, y China en particular, ha visto ahora lo vulnerables que
pueden ser los suministros de petróleo y GNL en Oriente Medio y ha reafirmado lo
imprescindible que son estas fuentes para el funcionamiento global.

También quedaron demarcadas regiones de estabilidad ante conflictos geopolíticos: Canadá,
Estados Unidos, Brasil, Argentina. Esta percepción por sí sola podría cambiar la cuota de
mercado global. Al mismo tiempo, la operación envió un mensaje a los rivales geopolíticos de
que Estados Unidos está dispuesusar la fuerza militar. Otra consecuencia queda clara: Todo gira
en torno a China.

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«Los beneficios de la guerra para la Argentina son a mediano plazo, pero la suba de precios es inmediata»

Víctor Bronstein es ingeniero pero no mira la energía como un asunto técnico. Doctor en sociología, la mira como un mapa de poder. Donde otros ven barriles, gasoductos o balances de empresas, él ve geopolítica. 

Su mirada se volvió relevante en este momento, cuando la guerra que sacude a Medio Oriente desborda las fronteras de la región y vuelve a poner a la energía en el centro de la disputa global.

– Hay dos lecturas respecto al impacto de la crisis del petróleo en la Argentina, por un lado sube el precio del barril, entonces favorece a las exportaciones. Pero por otro lado, vamos a importar inflación. ¿Cómo lo ves? 

-Que las dos posturas son válidas. Por un lado, de corto plazo, obviamente el precio del petróleo. Porque la característica del petróleo es que es un insumo que está en casi todos los productos, incluso muchos de los servicios tienen petróleo atrás.  

Fundamentalmente los alimentos. Los costos de los alimentos están muy asociado al petróleo. Hay estudios que se han desarrollado, hace algunos años en Estados Unidos, donde se decía que atrás de cada caloría de alimentos hay diez calorías de hidrocarburos. Entonces eso va a tener un impacto sobre la inflación en Argentina y en el mundo. Eso va a ser un fenómeno mundial. 

En Argentina también, porque pega (además de en las naftas) en los precios de las cosechadoras, los tractores, los fertilizantes… Entonces, en el corto plazo vamos a sufrir eso. 

– Ahora, a los que fabrican, por ejemplo urea, les conviene o no una suba del petróleo? 

-Les conviene el precio de exportación, obviamente, pero a la vez les aumenta el costo la materia prima y hay que ver si se pueden trasladar los precios. A los que seguro les conviene la suba del precio del barril es a los que producen petróleo o gas. 

Desde el punto de vista más estratégico, geopolítico, yo creo que Argentina le conviene porque esto demuestra que puede ser un proveedor seguro, que no está en una zona de guerra, un proveedor de energía segura para el mundo.

-Podría ser el caso de PAE que todavía no termino las obras de su buque regasificador de Río Negro y el gobierno alemán ya los los fue a buscar y firmó un contrato a varios años, para asegurarse el suministro. 

-Claro, porque a largo plazo ellos buscan proveedores seguros. Es lo que se le criticó a Angela Merkel,  la falta de seguridad energética al apostar por el gas de Putin. Pero no es que Putin le falló, porque en realidad el gasoducto Nord Stream que llevaba gas a Alemania desde Rusia, se lo destruyeron los norteamericanos. 

"Los beneficios de la guerra para la Argentina son a mediano plazo, pero la suba de precios es inmediata"

-¿Eso esta confirmado? 

-Nunca va a estar del todo confirmado, pero fíjate cuánto GNL le vende Estados Unidos a Europa ahora.  Pero hay evidencia que algo pudieron haber metido. Y esto que están haciendo ahora de bombardear instalaciones de petróleo, gas de Irán…  

– ¿Eso no agrava el problema de la suba del combustible que ya está pegando en la economía norteamericana?

-Pero lo hacen como respuesta, porque ya no saben cómo atacar. O esa es la sensación que da. 

– Pero sube el petróleo, sube la nafta y empuja la infalción y esto complica las chances electorales de Trump en las elecciones de medio término de noviembre… 

-En un principio Trump calculó que el problema del estrecho de Ormuz, con su análisis un poco estrambótico, superficial y de creerse dueño del del mundo, no iba a ser un problema. Dijo, yo voy a garantizar que el estrecho de Ormuz quede abierto y voy pagar los seguros de los barcos petroleros, que las aseguradoras ya no querían cubrir y voy a escoltar a los buques con naves de la armada norteamericana.

Pero no lo pudo hacer, porque no se puede hacer. Ormuz no está cerrado. oficialmente. Irán no lo cerró porque eso generaría cientos de disputas diplomáticas o políticas. Pero de hecho está cerrado. Los buques no salen. Nadie se anima. 

-Irán apuesta de manera deliberada al caos económico global, para obligar a Trump a retirarse?

-Bueno, Irán se guardó otro arma: destruir la infraestructura petrolera de los otros países del Golfo. Arabia Saudita, Kuwait, Qatar. 

"Los beneficios de la guerra para la Argentina son a mediano plazo, pero la suba de precios es inmediata"

Eso ya no solo cierra el estrecho de Ormuz, sino que destruye capacidades de producción petrolera a nivel global, que aunque se termine el conflicto, va a seguir dañada y hay que reconstruirla. No va a ser de un día para otro, lleva un tiempo. 

Si el mundo consume hoy alrededor de 102, 103 millones de barriles por día, por el Estrecho de Ormuz pasan alrededor de 20 millones, entre barriles y productos elaborados. Es un 20% de lo que consume por día el mundo, muchísimo.

-¿Podríamos estar frente a una crisis del petróleo como la de  1973?

-Podría llegar a ser, pero el mundo hoy está mejor preparado. La del 73 nos tomó de sorpresa. Nunca había ocurrido una crisis sistémica de ese nivel. Y tuvo un impacto muy fuerte.

-Hay muchas estimaciones circulando sobre hasta dónde puede llegar el precio del barril. ¿Vos que pensás? 

Hay que ver cómo sigue el conflicto, cuando más tiempo pase con el estrecho cerrado, más va a subir el barril. Porque fíjate, la semana pasada, cuando se inició el conflicto, el barril  subió un 20%, pero no subió tanto.

-¿Por qué? 

-Porque no se sabía bien cómo venía el conflicto, cuánto duraría. Y ahora lo que ocurre es que ya los países se empiezan a quedar sin reservas. Entonces, cuanto más dura el conflicto, esto se agrava. Los países están teniendo dudas de cuánto puede durar este conflicto.

-¿Y qué papel juega China en todo esto? 

-Coincido con los analistas que interpretan que el ataque es contra China. Esto hay que enmarcarlo dentro de la disputa global entre Estados Unidos y China. Trump sostiene y piensa que su enemigo es China, y que hay que tratar de de eliminar a China, si se quiere ser el único hegemón a nivel global. 

Irán forma parte del sistema geopolítico de China, el camino de Medio Oriente hacia Occidente. El proyecto del Nuevo Camino de la Seda. En 2021 China firmó un acuerdo con Irán por 400 mil millones de dólares en inversiones para infraestructura en caminos.

"Los beneficios de la guerra para la Argentina son a mediano plazo, pero la suba de precios es inmediata"

– Pero la guerra no termina siendo funcional a China?, Porque Estados Unidos está liquidando su arsenal, enfrentado con Europa y con todo el mundo del Golfo que le dice que hiciste? Mientras China está como espectador comiendo pochoclo.  

-Algunos dicen que China con esto está contenta porque Trump metió la pata y quedan ellos como los adultos de la habitación. Circula mucha información que indica que China está dando inteligencia, misiles, está ayudando a Irán. Y muy posiblemente Putin hará un poco más. 

– Volviendo a la Argentina, si uno de los efectos es que esta crisis provoca infalción como le pega eso a Milei justo cuando la inflación está picante, en torno al dos y medio, tres. ¿Cómo crees que le pega esto a Milei que prometió que en agosto la inflación empezará con un cero adelante?

-Yo soy muy incrédulo de ese pronóstico. Contradice toda  la narrativa libertaria decir que vas a hacer un barril criollo como hubo durante el kirchnerismo para que los argentinos no pagasen la nafta a precio internacional.  Uno puede intentar, pero por poco tiempo. Después eso genera un montón de problemas.

Los beneficios para la Argentina como proveedor confiable son a mediano plazo pero la suba de precios es inmediata.

En energía siempre se habla de años, hay como una fantasía desvirtuada por toda la cuestión del mundo virtual donde las cosas ocurren inmediatamente. En el mundo real están limitaciones para construir. Lleva tiempo. No es un problema de dinero, aunque tenga todo el financiamiento, uno no puede construir mil kilómetros de gasoducto en una semana.

Y además hay insumos, acero que hay que conseguir, hay que construir la infraestructura, hay que tener la mano de obra. 

Pero la demanda está. Ahora, los centros de datos, de inteligencia artificial de Estados Unidos necesitan fuentes confiables, que no dependan de la aleatoriedad de las energías llamadas renovables, como la solar, eólica. Necesitan energía firme. Entonces la que está garantizando el suministro de estos desarrollos proviene de centrales térmicas a gas. Y ahora hay un déficit. Hay un cuello de botella en la fabricación de turbinas de gas. Los grandes fabricantes de turbina tardan entre dos y cinco años para entregarte una turbina. Ese es un ejemplo del cuelo de botella de la infraestructura física, no es sólo tener el financiamiento. 

– Hay empresas nucleares nuevas de Estados Unidos que ya cotizan en Wall Street y todavía no tienen una central…

-Hay que volver a estudiar ciertas teorías económicas. Se están vendiendo burbujas. Otro ejemplo, ya están vendiendo en la bolsa empresas de fusión nuclear. La fusión nuclear todavía no se consiguió. Por ahí se consiguen dos 30 años, si consigue. Hace 50 años que la quieren conseguir y todavía no se sabe cuándo se va a lograr. 

"Los beneficios de la guerra para la Argentina son a mediano plazo, pero la suba de precios es inmediata"

-Vuelvo al impacto local porque un gobernador petrolero me contaban que subió mucho lo que reciben por regalías gracias a la suba del barril y con eso compensa la baja de la recaudación… 

-Y claro, por eso te dije que las ganadoras eran las empresas petroleras y las provincias petroleras.

-Y el gobierno nacional se queda con algo de esta suba del barril?

-Los derechos de exportaciones, las retenciones al petróleo fueron históricamente del 8%, pero las eliminaron para el crudo convencional. Ahora podrían aplicar retenciones si el precio del barril se dispara. En Noruega el 75% de la renta petrolera se la lleva al Estado.

-Sería interesante ver a Milei poner retenciones a las exportaciones petroleras (risas)…

-Sería contradictorio con su discurso, pero no hay que olvidar que el gran crecimiento de nuestras sociedades modernas se dieron fundamentalmente en el siglo XX gracias a la energía abundante y barata, como fue el petróleo. Es decir, el gran crecimiento de la posguerra tiene que ver con el petróleo.

Y si uno va a la raíz del concepto, el petróleo es un biocombustible. Como el biocombustible que obtenes del maíz o de la soja. ¿Cuál es la diferencia? Que es un un biocombustible que produjo la naturaleza cocinando a través de cientos de millones de años. Entonces, el petróleo es energía solar concentrada. 

Cuando se liberó toda esa energía solar concentrada, se consiguió una cantidad de energía inédita hasta ese momento, que se transfirió a la sociedad y empezó el crecimiento, la civilización industrial, la modernidad. 

"Los beneficios de la guerra para la Argentina son a mediano plazo, pero la suba de precios es inmediata"

– ¿Y como se salió de la crisis del petróleo del 73?

-Dedicándose a buscar ciertas formas de gastar menos energía, menos derroche energético. ¿No se si recuerdan esos autos que tenían motores de ocho litros de cilindrada? Todavía en algunos países existen. Se fue saliendo de a poco, llevó tiempo y generó inflación. 

-¿Crees que puede haber una salida rápida de este conflicto? 

-Depende de cómo y cuándo termine. Es decir que de qué manera y con qué infraestructura del sector petrolero y de gas terminemos. Si hay que reconstruir, lleva tiempo.

– ¿Hay alguna posibilidad de que esto termine beneficiando a Putin? 

-La Unión Soviética sobrevivió una década más gracias a la crisis del petróleo, porque ya en la década del 70 la la economía soviética estaba muy mal. Estaba peligro de colapso. ¿Qué ocurrió? La crisis del petróleo que llevó el precio del barril de los 3 dólares que estaba en el 73 a casi 35 dólares a fines del de la segunda crisis del 80, permitió que durante la década del 80 la Unión Soviética pudiera continuar.

Por eso, una de las políticas que tomó Reagan en el 86 es hacer un acuerdo con el rey de Arabia Saudita para bajar el precio del petróleo, para que la OPEP deje de cumplir con las cuotas. Arabia Saudita inundó el mercado e hizo bajar el petróleo. Fue una de las armas que usó Reagan para destruir a la Unión Soviética.

– Si la energía barata fue una condición de posibilidad para el desarrollo, la industria y la era moderna, ahora  con la crisis energética y la energía cara, ¿Qué pasa?  

-Esto condiciona un cambio que ya venía sucediendo. Al mundo se le acabó la energía barata. Eso generó justamente los problemas de crecimiento. Si lo actualizamos por inflación, el petróleo previo a la crisis de 73 estaría hoy entre 12 dólares y 14  dólares. 

-Es curioso como se dan las cosas, Trump estaba enfocado en bajar el precio del petroleo para que baje la inflación y la Fed pueda bajar las tasas y lo que hizo con esta guerra fue subirlo …

-Ahora Estados Unidos produce un poco más, pero hasta hace cinco años, Arabia Saudita, Rusia y Estados Unidos producían 10 millones de barriles de petróleo por día. Ahora Estados Unidos está produciendo 13 millones ¿Pero cual es la diferencia? Que Estados Unidos para producir esos 10 millones necesitaba 35.000 pozos de petróleo funcionando, Rusia 8000, y Arabia Saudita apenas 300. No es el mismo costo de producción. 

"Los beneficios de la guerra para la Argentina son a mediano plazo, pero la suba de precios es inmediata"

– Además del petróleo esta el gas. Ahora juega a favor que Europa ya pasó el invierno. Pero pensando en que nosotros tenemos que importar justamente para pasar el invierno, ¿No sobrevuela el fantasma de desabastecimiento? Recordemos que el 60% de la generación eléctrica de Argentina se explica por combustibles líquidos… 

-Lo que planteas es correcto. En la temporada invernal tenemos que importar algo de GNL. El precio del GNL, hoy es mucho más caro. El año pasado se importó por 500, 600 millones de dólares. Ahora vamos a pagar el doble o el triple.

-Entonces con estos precios ahora puede ser que finalmente vengan inversiones extranjeras a Vaca Muerta?

-Es un un tema interesante porque hasta ahora no han venido las inversiones de afuera. Es más, se han ido. Las petroleras internacionales tienen estrategias globales. Entonces de pronto venden un activo en un lado, lo compran en otro. 

Las inversiones en Vaca Muerta han recaído en YPF fundamentalmente y en petroleras nacionales como PAE, Pluspetrol, Pampa Energía y otras. Exxon se fue, Shell todavía está, pero no terminan de poner. Total, está ahí diciendo que se va. 

Es decir, por ahí puede haber una reconfiguración de los activos globales de las grandes petroleras y pueden venir, pero se tiene que mantener este precio y no lo ven todavía estabilizado. 

Nota publicada en La Politica Online: «Los beneficios de la guerra para la Argentina son a mediano plazo, pero la suba de precios es inmediata»

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Proyecto Bóveda: el plan de Trump parareforzar la seguridad energética de EEUU.

Alarmismo. El temor por los recursos, principalmente los relacionados con la energía, viene
marcando la agenda global, ordenando al mundo a partir de la preocupación por garantizar los
recursos. La historia humana está llena de ejemplos de esta tesis del temor como ordenador.
Desde el apocalipsis al agotamiento de los recursos y el cambio climático.

Alarma por el calentamiento global, alarma por el enfriamiento global en los 70 del siglo
pasado, alarma por el riesgo de escasez de petróleo, alarma por el crecimiento de la demanda
de energía eléctrica, alarma por el agotamiento de los recursos minerales, alarma, alarma.
Trump, en su cruzada para generar un nuevo orden global, a partir de su disputa con China, se
encontró con un escollo que se convirtió en alarma: las tierras raras. Washington se vio
obligado a retroceder en muchas de las sanciones a Pekín porque no podía prescindir de estos
minerales críticos que China domina y el mundo necesita.

Desde el comienzo de su administración, el presidente Trump unió su política exterior a su
política energética con la convicción de que, si Estados Unidos lograba ser autosuficiente y
controlar los mercados mundiales del petróleo, podría sentar las bases para la seguridad
mundial y el dominio de Estados Unidos.

Washington comprendió que faltaba algo en esta ecuación: las tierras raras. Hace dos semanas,
Trump firmó una orden ejecutiva que crea el Proyecto Bóveda (Project Vault en inglés), para
crear una reserva estratégica de más de 50 minerales críticos y ampliar la capacidad de
procesamiento doméstico. La idea es blindar la cadena de suministro con stock propio y
contratos de suministro a largo plazo.

Los minerales críticos son el “nuevo petróleo”. Sin ellos no funcionan la energía solar ni la
eólica, los vehículos eléctricos y los sistemas de defensa. Por eso se crea una reserva
estratégica similar a las reservas de petróleo de manera de garantizar un colchón de 60 días de
minerales críticos para emergencias en caso de cortes en el suministro. En la narrativa de
Trump, garantizar los minerales críticos es seguridad energética y seguridad nacional.

Alarmismo 2. Volver a lo nuclear. Bill Gates y Sam Altman están preocupados porque quieren
energía limpia para sus proyectos tecnológicos, pero necesitan energía segura. Saben que un
solo corte puede silenciar a la IA. Las limitaciones de las energías renovables y los sistemas de
almacenamiento están provocando un renacimiento de la energía nuclear. Se añadirán cerca de
14 GW de nueva capacidad de generación este año, lo que la convierte en la mayor
incorporación neta de esta tecnología en casi 30 años.

El alarmismo permite, además, el surgimiento de nuevos negocios, aunque la tecnología
todavía no esté disponible. Los pequeños reactores modulares (SMR) están ahora de moda y
ganando impulso con grandes inversiones y acuerdos de compra de energía (PPA) firmados
durante 2025. La realidad es que sigue siendo poco probable que se vea una decisión final de
inversión (FID) para un nuevo proyecto SMR durante 2026.

Más insólito es lo que ocurre con la fusión nuclear. El alarmismo tiende a generar soluciones
mágicas como narrativa o “balas de plata” para sostener la estabilidad del sistema. La fusión nuclear se ha convertido en una especie de favorito de la industria tecnológica, ya que tiene el
potencial de ofrecer una solución a las amenazas de seguridad energética y sostenibilidad que
plantea la IA. En teoría, la fusión nuclear comercial podría proporcionar una fuente
esencialmente ilimitada de energía totalmente limpia, sin dejar atrás los residuos nucleares
peligrosos asociados a la fisión nuclear. En teoría.

El problema es que todavía, y por varios años, o tal vez por siempre, la fusión nuclear
controlada no es hoy una realidad como fuente de energía. La situación actual es que no se ha
logrado producir más energía de la que realmente se consume cuando se contabiliza toda la
energía necesaria para comprimir, calentar y confinar el plasma para la fusión.
Desde la década de los 50 del siglo pasado se está tratando de alcanzar ese objetivo. Hoy se ha
avanzado muchísimo, pero más avanzó la narrativa que confunde y plantea la posibilidad de
lograrlo en pocos años. Esa narrativa llegó a Wall Street, que ahora apoya proyectos de este
tipo, a Gates y a Altman.

En fusión se usan dos métricas diferentes. Una es la que se conoce como ganancia científica,
que compara solo la energía que entra al plasma con la energía que el plasma libera por la
fusión. Hace dos años se logró por primera vez valores mayores a 1 en experimentos de fusión
por láser. Es decir, el plasma produjo más energía de la que recibió directamente.

La otra métrica es la llamada ganancia de planta. Compara la energía eléctrica total consumida
por el sistema con la energía total generada. Acá se tienen en cuenta todo el consumo
energético: láseres de alta potencia, imanes superconductores, criogenia, sistemas de vacío,
electrónica de control.

Si analizamos algunos números, sin entrar en detalles, tipo cuenta de almacenero, vemos que a
nivel plasma, los experimentos nos muestran que entran 2 MJ (láser) y salen 3-8 MJ (fusión),
obteniendo una ganancia mayor que 1. Es una fuente energética.

Pero si tomamos toda la instalación eléctrica y la energía necesaria para el funcionamiento del
láser, comprobamos que en realidad entran 300 MJ y salen 3-8 MJ. Es decir, los láseres
consumen cientos de veces más energía eléctrica de la que llega al plasma. No es una fuente
de energía. ¿Alguna vez lo será?

Conclusión, ningún experimento de fusión ha entregado más energía de la que consume
cuando se incluye la energía necesaria para comprimir, calentar y confinar el plasma.
Entendemos la narrativa, porque el mundo y los mercados necesitan creer en una fuente casi
inagotable de energía que de previsibilidad y seguridad al sistema mundial. Extrañas decisiones
de inversión en tecnologías no maduras. Algo no estamos viendo.

Alarmismo 3. Volver a la Luna. Elon Musk, el hombre más rico del mundo, nos alarma con sus
proyectos extravagantes. Es cierto, algunos de sus proyectos que en su momento nos
parecieron de muy difícil realización se han concretado. Sin entrar en detalles de las ayudas
gubernamentales y créditos federales recibidos, hoy Tesla y sus fábricas de baterías son una
realidad. Ahora Musk está alarmado por la finitud terrestre y la limitación de los recursos
energéticos.

Según un reciente informe del New York Times, Musk les dijo a los empleados de xAI, su
empresa de IA recientemente adquirida por SpaceX, su empresa espacial, que necesita
construir una fábrica en la Luna para producir satélites de IA.

En el anuncio, repleto de conceptos más de ciencia ficción que ciencia real, Musk argumentó
que la IA basada en el espacio era la «única forma de escalar» la tecnología. Habló de poner
centros de datos en la órbita de la Tierra, donde en teoría tendrían acceso a cantidades
prácticamente ilimitadas de energía solar. Junto con centros de datos orbitales, se imagina
poblar la órbita con una vasta constelación de satélites de IA, algo que comparó con construir
un «sol consciente».

Musk ha pasado años denigrando las misiones lunares, considerándolas una pérdida de tiempo
y una distracción de su objetivo final de enviar humanos a Marte. Su mantra siempre ha sido
«hacer la vida multiplanetaria» y «extender la conciencia a las estrellas».

Con frecuencia ha proporcionado plazos optimistas para lograr esto, incluyendo la promesa en
2017 de que la primera misión a Marte de la compañía se lanzaría en 2022 y que sus primeros
astronautas llegarían para 2025. Ha reiterado constantemente esta misión y ha presentado a
los empleados de SpaceX una hoja de ruta para llegar al Planeta Rojo. Obviamente, nada de
esto ocurrió.

Musk insiste en que no está abandonando Marte. En la reunión con sus empleados describió la
Luna como un peldaño hacia Marte. Primero, quiere construir «una ciudad autosuficiente en la
Luna», luego viajar a Marte — y luego, naturalmente, buscar alienígenas en el resto de la
galaxia. Parece que Obama, con sus últimas declaraciones, lo está ayudando ahora en este
objetivo.

Los rumores sugieren que SpaceX planea salir a bolsa con una valoración récord de 1,25
billones de dólares, lo que podría atraer una interpelación sobre las ambiciones de
colonización espacial de Musk. Tal vez, simplemente intenta salvar las apariencias con su giro a
la Luna. Al cambiar drásticamente la meta hacia algo más realizable también podría tener más
posibilidades de atraer contratos gubernamentales, que ya han evitado la quiebra de SpaceX
desde sus primeros días. Ante este personaje y sus proyectos, los que estamos alarmados
somos nosotros. O, nuevamente, algo no estamos viendo. Delicias del alarmismo.

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Putin, Xi, Modi y el pacto de Tianjin

Víctor Bronstein

OSC. Un nuevo escenario geopolítico, un nuevo guión, tres protagonistas y una participación especial: el dragón (China), el oso (Rusia) y el elefante (India) salieron a escena en el teatro de la Organización de Cooperación de Shangai celebrada hace unas semanas en la ciudad portuaria de Tianjin, China, para empezar a construir una alternativa de poder a Occidente. Xi Jinping lo resumió en una frase al finalizar el encuentro: «El mundo se encuentra en un nuevo período de turbulencia y transformación… La gobernanza global ha llegado a una nueva encrucijada». Y agregó: «El dragón y el elefante deben unirse». La participación especial fue la energía.

La cumbre liderada por China reunió a 25 líderes de países que concentran un cuarto del PBI mundial y el 42% de la población global, en un gesto que buscó proyectar una alternativa sólida a la hegemonía occidental. El encuentro se presentó como un espacio para profundizar los vínculos políticos y económicos fuera de la órbita de Estados Unidos y Europa.

Entre los principales líderes invitados estuvieron el presidente ruso Vladimir Putin; el primer ministro indio Narendra Modi (en su primera visita a China en siete años); el presidente turco Recep Tayyip Erdogan; el presidente iraní Ebrahim Raisi; los primeros ministros de Pakistán, Malasia, Camboya y Vietnam; el Secretario General de la ONU, António Guterres, y el Secretario General de ASEAN, Kao Kim Hourn, entre otros.

Fundada en 2001 por China, Rusia y cuatro repúblicas de Asia Central, la OCS se expandió a diez miembros plenos, incluidos India, Pakistán, Irán y Bielorrusia, dos observadores, y catorce socios estratégicos.

La cumbre evidenció que la OCS ya no es un simple foro regional. Con India, China y Rusia reforzando sus lazos, el bloque proyecta ahora una alternativa al orden internacional liberal de Occidente y puede marcar un punto de inflexión en la geopolítica del siglo XXI. No fue un simple encuentro diplomático. Se trató de una escena de poder y de objetivos políticos. El bloque euroasiático quiere ser el arquitecto de un nuevo orden global.

China y Rusia aprovecharon la cumbre para enviar un mensaje a EEUU y a Europa: el futuro no puede seguir girando en torno a un modelo unipolar. Entre las propuestas, se acordaron crear un Banco de Desarrollo, emisión de bonos conjuntos, respaldar la cooperación en Inteligencia Artificial, la exploración espacial e impulsar el uso de monedas locales para el comercio dentro del bloque. Símbolos de autonomía frente a las instituciones dominadas por Occidente. En palabras de Xi: «La OCS debe defender la equidad y la justicia internacionales, oponerse claramente al hegemonismo y convertirse en un pilar de la democratización de las relaciones internacionales.»

Un capítulo especial para la energía. Se acordó reducir la dependencia del dólar en transacciones de petróleo, gas y minerales críticos, fortaleciendo el uso de monedas como el yuan, rublo, rupia y el rial iraní en acuerdos bilaterales. Además, se anunció una plataforma de cooperación energética dentro del grupo con el objetivo de desarrollar infraestructura compartida, acuerdos de suministro y financiamiento en moneda local para proyectos energéticos con el objetivo de garantizar la seguridad energética de los países miembros.

Desafiar el rol del dólar como divisa dominante en el comercio de hidrocarburos, podría explicar el cambio de postura de Trump respecto a Ucrania y la presión sobre los países que le compran petróleo y gas a Rusia. Así, la OCS se posiciona también como contrapeso a la OTAN y al unilateralismo estadounidense. Con su diplomacia silenciosa, China avanza y Rusia acompaña.

La asistencia de Narendra Modi, primer ministro de la India, marcó un punto de inflexión. India, que suele oscilar entre Washington y Moscú, mostró disposición a acercarse a sus vecinos asiáticos. La fotografía de Modi junto a Xi y Putin sintetiza la reconfiguración del mapa geopolítico: las rivalidades históricas ceden espacio a la lógica del interés común frente a las presiones externas.

La Declaración de Tianjin y la estrategia hasta 2035 proyectan una ambición clara: transformar a la OCS en un actor fundamental en la geopolítica global. Como dijimos al principio, con casi la mitad de la población mundial y una cuarta parte del PIB global, el bloque cuenta con recursos materiales para sustentar esa visión.

Y también energéticos. Según los datos más recientes de 2025, los países que participaron en la Cumbre de la OCS en Tianjin concentran aproximadamente el 35% de las reservas probadas de petróleo del mundo y el 60% de las reservas de gas natural. Estos porcentajes incluye a miembros plenos como Rusia, Irán, China, Kazajistán, Uzbekistán, y observadores activos como Turquía y Arabia Saudita, que estuvieron presentes como invitados estratégicos.

Anticipándose a la Asamblea General de las Naciones Unidas, los países miembros de la OCS plantearon la necesidad de adaptar la ONU a las realidades políticas y económicas actuales mediante una reforma que garantice la representación de los países en desarrollo en los órganos rectores de la ONU.

ONU. En su discurso ante la Asamblea General, el presidente de EEUU mostró, una vez más, su «estilo Trump», marcado por la improvisación y el desprecio hacia los compromisos multilaterales. Con su hablar taquigráfico, su falta de una narrativa argumentativa, su simpleza de razonamiento, sus contradicciones y su desconocimiento de la historia trata de imponer un sistema geopolítico a partir de la administración de aranceles de manera arbitraria. Si no hacés lo que te digo, te subo los aranceles. Si el Tribunal Superior de Brasil condena a Bolsonaro por un intento golpista, no me importa, es mi amigo, te subo los aranceles. Si India compra petróleo ruso, a pesar de que India es, o fue, un aliado de EEUU en Asia para contrarrestar a China, no importa, te subo los aranceles.

Con su estilo de creerse dueño del mundo, Trump exigió a los países europeos que dejen de comprar gas y petróleo a Rusia para poner fin a la guerra en Ucrania. «Es vergonzoso para ellos, están comprando energía rusa mientras luchan contra Rusia. Piénsenlo, están financiando la guerra contra ellos mismos», afirmó en su discurso ante la Asamblea General. Denunció que China e India son «los principales financiadores» de la guerra al seguir comprando energía rusa.

Así, el acercamiento entre Moscú y Nueva Delhi se da luego de que el presidente de Estados Unidos impusiera aranceles adicionales del 25 % a las importaciones indias, lo que elevó las tarifas a país asiático al 50 %, en represalia por las compras de petróleo ruso con descuento por parte de India.

La guerra y la paz. León Tolstoi publicó su gran novela entre 1865 y 1669, donde narra los destinos entrelazados de varias familias aristocráticas rusas durante las guerras napoleónicas y la invasión francesa a Rusia en 1812. Es mucho más que una novela histórica, es una indagación sobre la historia que nos ayuda a entender los conflictos actuales. Y también de porqué fracasan los intentos de atacar a Rusia.

Tolstoi desmonta la idea de que los «grandes hombres», como Napoleón en su época, son los motores de la historia. En La Guerra y la Paz, su crítica es profunda, filosófica y sistémica: rechaza la noción de causalidad lineal en los procesos históricos y propone una visión más compleja, donde millones de voluntades individuales y circunstancias invisibles configuran los acontecimientos.

El gran novelista ruso retrata a Napoleón como un personaje vanidoso, teatral y limitado, cuya fama se debe más a la construcción simbólica que a su verdadera capacidad de decisión. Cualquier parecido con algunos de los personajes de la actualidad es pura coincidencia.

«La historia sería imposible si dependiera de la voluntad de unos pocos hombres», escribió Tolstoi, adelantándose un siglo a ciertas investigaciones científicas.

René Thom, uno de los matemáticos más influyentes del siglo XX, estudió cómo sistemas complejos, como las sociedades, pueden sufrir cambios súbitos a partir de variaciones suaves en ciertas variables claves. Para eso, hizo una distinción entre variables dinámicas que describen el estado de un sistema en un instante y variables de control que modulan el comportamiento global del sistema.

Excede en mucho desarrollar estos conceptos en este artículo. Pero podemos aproximarnos a entender que, por ejemplo, si bien los grandes hombres no son los motores de la historia, la modulan. Y, en las sociedades actuales, una de las variables de control más determinante que modula el desarrollo de las naciones y la geopolítica es la energía.

La guerra y el gas. El 12 de septiembre pasado se cumplieron 35 años del acuerdo firmado en Moscú conocido como «Dos más cuatro» (las dos Alemanias + las cuatro potencias vencedoras de la Segunda Guerra: Rusia, EEUU, Francia y el Reino Unido) que dio lugar a la reunificación de Alemania en octubre de ese año, después de la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989.

Durante las negociaciones de 1990, el entonces secretario de Estado de EEUU, James Baker, se reunió con el entonces presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov en Moscú para hablar sobre el temor soviético de que, si la Alemania unificada entraba en la OTAN, la Alianza se expandiera hacia Europa del Este.

La fórmula que aceptó Gorbachov para firmar el tratado fue que Alemania unificada estaría en la OTAN pero que las tropas y armas de la Alianza no se desplegarían en Alemania Oriental. Este compromiso se resumió en una «famosa» frase de Baker que aún resuena en el conflicto entre Rusia y Ucrania:

«Not one inch eastward». Es decir: La OTAN no se moverá ni una pulgada hacia el este.

Pero esta frase no entró en el acuerdo firmado donde se prohibiera expresamente la expansión de la OTAN hacia otros países del Este. Sólo se firmó la limitación para el territorio de la ex RDA. Y este es el tema inconcluso que está detrás de la invasión rusa a Ucrania. Rusia sostiene que hubo un compromiso político incumplido; Occidente responde que no existió un acuerdo escrito. Rusia aceptó entonces la incorporación de Polonia, Hungría y los países bálticos. El límite fue Ucrania.

En este contexto, la política energética de Alemania favoreció la importación de gas barato desde Rusia. Luego, bajo el liderazgo de Angela Merkel esta postura se consolidó a partir de 2005, cuando ella asume como canciller, y se profundizó durante sus 16 años de mandato. Merkel veía al gas ruso como parte de la transición energética que incluía el abandono del carbón y la energía nuclear. El gas era visto como un puente hacia las fuentes renovables. Hoy el mundo consolida esa visión, aunque después de Merkel, la UE exacerbó los objetivos de la transición, apuntando también contra el uso del gas natural. La realidad puso, como siempre, las cosas en su lugar y hoy el uso del gas ya no se discute en la Unión Europea, aunque todavía aparece en las discusiones de los encuentros climáticos.

En 2011, tras el desastre de Fukushima, Alemania decide acelerar el cierre de sus centrales nucleares. Esto refuerza la dependencia del gas, y Rusia aparece como proveedor confiable y más barato que el GNL de otros países. Por eso apoya la construcción del gasoducto Nord Stream 2, paralelo al Nord Stream 1, para duplicar el flujo directo de gas ruso a Alemania por el Báltico. Esta decisión fue criticada por países de Europa del Este y Estados Unidos.

Tras la invasión rusa a Ucrania, Merkel defendió públicamente su política energética, afirmando que «en la perspectiva de la época, era racional y comprensible» importar gas ruso por ducto, ya que es mucho más barato que el GNL. Y tenía razón, salvo que su análisis no previó el acercamiento entre Moscú y Pekín.

Merkel confiaba en la seguridad del abastecimiento de gas desde Rusia ya que razonaba que Rusia necesitaba vender su gas a Europa tanto como Europa necesitaba el gas ruso. En esta ecuación, la seguridad estaba garantizada. Pero se olvidó de China. Rusia se animó a invadir a Ucrania, más allá de la provocación de Occidente de querer incorporarla a la OTAN, porque tenía un mercado alternativo para su gas.

Power of Siberia 2. La firma del acuerdo para la construcción del gasoducto Power of Siberia 2 por parte de los presidentes de Rusia y China fue quizás la noticia más importante que surgió de la reunión de los dos líderes a principios de este mes. También fue el acuerdo que bien puede hacer que la nueva orden de flujo global de gas natural sea permanente, lo que podría interferir con las ambiciones de dominio energético del presidente Trump.

La cantidad anual de gas que Rusia venderá a China una vez que se complete el segundo Power of Siberia superaría los 100 mil millones de metros cúbicos. Es una cantidad similar a la que se suponía que Rusia enviaría a Europa tras la finalización del fallido gasoducto Nord Stream 2.

China, a su vez, abandonó su ambigüedad. Al firmar PoS2, marca su postura de intensificar la confrontación con Estados Unidos en medio de la guerra comercial y los aranceles. Desde que invadió Ucrania, Rusia siempre tuvo claro que China era su cliente de gas para reemplazar al mercado europeo. El acuerdo PoS2 podría remodelar las previsiones de demanda, las decisiones de inversión y las estrategias contractuales en los mercados mundiales de gas.

Las expectativas de una creciente demanda china es uno de los fundamentos el ciclo actual de inversión en GNL. Pero este giro hacia el gas ruso, incluso uno gradual y condicional, pone en duda las suposiciones de mercados ajustados para 2030. El mensaje a los exportadores de GNL es claro: China necesitará menos gas y en mejores términos. El memorando ruso-chino formaliza la intención, pero difiere la sustancia. La negociación real sobre el acuerdo de suministro de gas se basará seguramente en cuatro parámetros clave: precio, obligaciones de compra, financiación y plazos.

En cuanto al precio, es poco probable que China acepte algo cercano a los puntos de referencia europeos o asiáticos basados en el mercado. En cambio, presionará por un precio en algún lugar entre las tarifas nacionales rusas y la fórmula vinculada al petróleo utilizada en Power of Siberia 1, que ya es el gas de gasoducto de menor precio en la cartera de China. Eso aseguraría un suministro barato a largo plazo para China.

Además, las implicaciones estratégicas se extienden mucho más allá de China y Rusia. Para Estados Unidos y la industria del GNL, el impacto será inmediato. Aunque el gas del PoS2 no fluirá hasta la década de 2030, ya está alterando las expectativas. Los compradores, los desarrolladores de proyectos y los bancos están observando de cerca el nuevo escenario. Si China depende más del gas de gasoducto ruso en la próxima década, esto podría obligar a recalcular los proyectos de GNL en la actualidad y podría afectar a Vaca Muerta.

Europa esté mirando con preocupación como el acuerdo le permitirá a China tener un suministro seguro y barato de gas, un escenario que tuvieron antes de la invasión rusa a Ucrania. La UE está sufriendo los costos del GNL y el impacto en su economía.

Todavía quedan muchas cuestiones abiertas respecto al acuerdo y todavía no queda claro si finalmente el Power of Siberia 2 se concretará. Llamativamente, con este acuerdo, Rusia y China acaban de remodelar el juego mundial del gas sin firmar un solo contrato de suministro.

El momento del anuncio no fue casual. Putin, Xi y Modi estaban en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shangai firmando un pacto para una nueva arquitectura global. Entre geopolítica y simbolismo, China muestra a la OCS como alternativa a Occidente. ¿Occidente debería preocuparse? Sí.

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CERAWeek: Fatih Birol, director de la AIE, giró 180°: ahora pide invertir en petróleo y gas.

Los nuevos vientos de Trump y su revisión de la política energética de las administraciones demócratas soplaron fuerte en el CERAWeek de la semana pasada en Houston, mostrando, justamente, la politización de algunas instituciones energéticas y agencias ambientales, además de la presión sobre las decisiones empresarias que ahora comienzan a revisarse.

Tal vez el caso más paradigmático de este cambio sea el discurso de Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, quien giró ciento ochenta grados respecto a sus afirmaciones de hace apenas cuatro años, reconociendo ahora la preocupación por la seguridad energética global, que fue el objetivo fundacional de la Agencia con sede en París, pero que la narrativa de la transición trastocó y puso a Birol en un papel cercano al ridículo por sus inconsistencias técnicas.

En 2021, la AIE publicó su hoja de ruta para alcanzar el net zero en 2050. En ese documento imaginario, sin fundamentos en la realidad, Birol anunció: “Basándose en las herramientas y la experiencia de modelado de energía inigualables de la AIE, esta Hoja de Ruta establece más de 400 hitos para guiar el viaje global a la red cero para 2050. Estos incluyen, a partir de hoy, no invertir en nuevos proyectos de petróleo y gas, y ninguna otra decisión final de inversión para nuevas plantas de carbón. Para 2035, ya no habrá ventas de vehículos con motor de combustión interna, y para 2040, el sector eléctrico mundial ya habrá alcanzado emisiones netas cero. había recomendado no invertir en nuevos proyectos de petróleo y gas para alcanzar las metas climáticas”.

Birol se olvidó de esas declaraciones y ahora enfatiza la necesidad de invertir en yacimientos existentes. Esto se debe al declive natural de los campos actuales y a la importancia de los combustibles fósiles para satisfacer la demanda energética mundial.

Con estas últimas declaraciones queda claro que eso de “la experiencia y los modelos inigualables de la AIE” era una excusa, o una farsa, para alinearse con la decisión política de los países de la OCDE en su objetivo de transición energética para salir de la dependencia de los combustibles fósiles. Un objetivo geopolítico más que ambiental.

Ahora, Birol está cediendo ante las prioridades energéticas de Trump, ya que, como informa Reuters, «EE. UU. aporta alrededor de una cuarta parte de la financiación de la Agencia Internacional de Energía». Billetera mata galán.

El informe de Reuters es una insinuación reveladora sobre que EEUU está presionando a Birol, obligándolo a decir lo que quiere oír. Una nueva verdad en lugar de la verdad anterior. ¿Y la ciencia? ¿Hubo algún nuevo descubrimiento en el campo de la energía para cambiar de verdad tan rápidamente? No pareciera. Entonces surge una pregunta bastante incómoda: ¿quién le pagó a Birol para que cantara la canción contraria durante los últimos cinco años?

La AIE ha sido el organismo de vigilancia energética de los países industrializados durante más de medio siglo, definiendo la política de seguridad energética a partir de garantizar el suministro y promover las inversiones necesarias para alcanzar ese objetivo. Su rol es centrarse en lo que sus miembros consideren importante para la seguridad energética futura.

Hoy, la transición energética está mostrando sus debilidades y la dificultad de reemplazar a los combustibles fósiles. Hemos planteado repetidamente en nuestros informes que la transición energética es un proyecto político y económico más que un compromiso ambiental, una especie de keynesianismo verde sustentado en discutibles evidencias científicas que ha definido la agenda de gobernanza global.

Después del giro de Birol, muchos se preguntan quién ha financiado estas posturas.  El problema es que no solo no se ha hablado públicamente del aspecto financiero de los avances de la transición, porque los medios de comunicación han sido muy cuidadosos al evitar por completo divulgar el componente financiero de las motivaciones de la AIE. La credibilidad de la AIE sufrió un duro golpe. La narrativa de la transición empieza a descomponerse.

Trump no sólo cambió la política energética, también replanteó el rol de la OTAN y la defensa de Europa en el contexto de la guerra entre Rusia y Ucrania. En este escenario, empieza a discutirse la estrategia europea de transición energética.

La realidad que tiene que aceptar Europa es que, en el futuro previsible, las operaciones de defensa seguirán dependiendo en gran medida de los hidrocarburos. Los tanques, los aviones y los barcos requieren grandes cantidades de combustibles derivados del petróleo para funcionar. Un informe del Centro Holandés para la Política Energética Internacional (CIEP), «A Game of Jenga with European Industry», advierte sobre el frágil estado del sector de refinería y la base manufacturera de Europa, un factor crucial que a menudo se pasa por alto en los debates sobre seguridad.

Una cuestión también relevante es el impacto de las agresivas políticas de transición energética de Europa en su seguridad y capacidades industriales. El Pacto Verde de la UE, el Informe Draghi y el nuevo Ómnibus Europeo, aprobado el 26 de febrero de este año, impulsan una rápida reducción de las emisiones y la electrificación de la industria. Si bien estas metas entran dentro de objetivos medioambientales aparentemente nobles, como todo lo que tiene que ver con la transición energética, son incompatibles con las urgentes necesidades de seguridad de Europa.

El implacable impulso de Bruselas para la implementación estricta del Acuerdo de París corre el riesgo no solo de paralizar sectores industriales clave, como el acero, el aluminio y la construcción naval, sino también de socavar la preparación de defensa de Europa.

El informe del CIEP advierte que, sin la producción nacional de materias primas, componentes y hardware, las adquisiciones de defensa se convierten en una ilusión. Europa no solo necesita preservar su base manufacturera, sino expandirla para hacer frente a las vastas inversiones en defensa previstas para los próximos años. Empresas como Krups, Tata Steel, Volkswagen, Damen Shipyards y VDL son esenciales para reforzar las capacidades de defensa de Europa. Sin apoyo, Europa seguirá dependiendo de Estados Unidos, Corea del Sur, Israel y Turquía para abastecer sus necesidades militares, lo que la hará vulnerable a los cambios geopolíticos.

Para poner esto en perspectiva, los ingresos totales de la industria de defensa europea han rondado los 200.000 millones de dólares (excluyendo a Turquía) en los últimos años. Esa cifra tendrá que crecer sustancialmente para absorber la afluencia de nuevos gastos en defensa. Sin embargo, los costos de la transición limitan ese crecimiento, y sin energía y materiales fiables basados en hidrocarburos, los ejércitos y las armadas de Europa quedarán varados. Es hora de repensar las políticas verdes.

El informe concluye reconociendo que el mundo ha cambiado. El lobo feroz ya no es el calentamiento global, sino la amenaza militar en las fronteras de Europa. Si los líderes europeos no reevalúan su agenda de bajas emisiones de carbono, corren el riesgo de poner en peligro la seguridad del continente. Es necesario suspender las políticas verdes más extremas. Seguramente Birol también escuchó estas advertencias para justificar su giro. Más vale tarde que nunca, pero su credibilidad creemos que no tiene retorno.

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Las energías renovables fueron fundamentales para el crecimiento energético global en 2024

Según el informe anual de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), la capacidad de energías renovables a nivel mundial alcanzó los 4.448 GW al cierre de 2024, con una adición récord de 585 GW. Este incremento representa más del 90% de la expansión energética total a nivel mundial y marca un impresionante crecimiento anual del 15,1%. El crecimiento estuvo liderado por la energía solar con 452 GW.

Aunque el progreso en la implementación de energías renovables continúa siendo significativo, el mundo aún se encuentra lejos de cumplir con el objetivo de triplicar su capacidad para 2030, que requiere alcanzar los 11,2 teravatios. Para lograr esta meta, será necesario incrementar la tasa de expansión anual al 16,6% en los próximos años.

El informe también subraya las disparidades geográficas en el crecimiento de las energías renovables. Asia lideró la expansión, con China contribuyendo con casi dos tercios del total mundial, mientras que regiones como Centroamérica y el Caribe aportaron solo el 3,2%. Los países del G7 y G20 representaron el 14,3% y el 90,3% de la capacidad añadida, respectivamente.

Francesco La Camera, director general de IRENA, comentó: «El continuo crecimiento de las energías renovables que observamos cada año demuestra que son económicamente viables y de fácil implementación. Cada año baten sus propios récords de expansión, pero también nos enfrentamos a los mismos desafíos de las grandes disparidades regionales y el tiempo apremia, ya que el plazo de 2030 es inminente».

En este sentido, La Camera instó a los gobiernos a aprovechar la próxima ronda de Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC 3.0) para definir planes concretos que impulsen las energías renovables, además de reforzar la cooperación internacional para apoyar los objetivos de los países en vías de desarrollo.

Por su parte, António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, destacó: «Las energías renovables están marcando el fin de la era de los combustibles fósiles. Este crecimiento está generando empleos, reduciendo las facturas energéticas y limpiando nuestro aire. No obstante, la transición debe acelerarse y ser más equitativa, de manera que todos los países puedan aprovechar los beneficios de una energía limpia, barata y accesible».

En cuanto a las tecnologías, la solar y la eólica continuaron liderando el aumento, representando el 96,6% de las nuevas adiciones de capacidad. La energía solar fotovoltaica sumó 451,9 GW, con China como principal impulsor (278 GW), seguida de India (24,5 GW). La energía eólica creció en 11,1%, alcanzando los 1.133 GW.

También se destacó el fuerte crecimiento de la capacidad hidroeléctrica, que alcanzó los 1283 GW, impulsada en gran medida por China. Asimismo, la bioenergía y la energía geotérmica experimentaron aumentos modestos, con China y Francia como principales contribuyentes en bioenergía.

Finalmente, las energías renovables Of Grid, especialmente la solar, tuvieron un crecimiento destacado en regiones fuera de Eurasia, Europa y América del Norte, con un incremento de 1,7 GW hasta los 14,3 GW, reflejando una expansión significativa en áreas como África y Asia.

Principales indicadores por tipo de tecnología:

  • Energía solar: la solar fotovoltaica creció en 451,9 GW el año pasado. El principal impulsar fue China quien agregó 278 GW a la expansión total, seguida de India (24,5 GW).
  • Eólica: el incremento de la energía eólica disminuyó levemente, hasta un total de 1.133 GW de capacidad a finales de 2024. Este impulso también estuvo liderado por China y seguido por Estados Unidos.
  • Hidroeléctrica: la capacidad total se ubicó en torno a los 1.283 GW, lo que demuestra un crecimiento notable desde 2023, impulsado por China. Etiopía, Indonesia, Nepal, Pakistán, Tanzania y Vietnam añadieron más de 0,5 GW cada uno.
  • Bioenergía: tuvo un repunte el año pasado, con un incremento del 4,6 GW de capacidad en comparación con el 3,0 GW en 2023. El crecimiento fue impulsado por China y Francia con 1,3 GW de adiciones cada uno.
  • Geotérmica: la energía geotérmica aumentó en 0,4 GW en general, liderada por Nueva Zelanda, seguida de Indonesia, Turquía y los EE. UU.
  • Electricidad Off Grid (excluyendo Eurasia, Europa y Norteamérica): la expansión de la capacidad casi se triplicó, creciendo 1,7 GW hasta alcanzar los 14,3 GW. El crecimiento estuvo dominado por la energía solar Off Grid, que alcanzó los 6,3 GW en 2024.
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Cambio climático y epopeya política, entre Trump y Galileo

E pur si muove.(Y sin embargo se mueve).La historia, seguramente una leyenda, cuenta que esa fue la frase que Galileo Galilei murmuró por lo bajo cuando fue obligado a retractarse ante la inquisición, en 1633, por sostener el modelo heliocéntrico de Copérnico a partir de observar los cielos con el telescopio. Así, pudo proporcionar evidencia empírica contra el modelo ptolomeico que estuvo vigente por veinte siglos.

La Tierra ya no estaba inmóvil en el centro del Universo y lo que ahora se movía no era sólo nuestro planeta sino también el lugar del saber. Desde la religión, sus instituciones y sus dogmas hacia la ciencia y su método experimental: formular hipótesis, probarlas mediante experimentos y llegar a conclusiones basadas en evidencia, no en mandatos políticos. Galileo fundaba así la ciencia moderna que es uno de los pilares, valga la redundancia, de la modernidad. Y también del fabuloso desarrollo tecnológico actual. A esta nueva forma revolucionaria de explicar el mundo se la conoce también como ciencia galileana.

MAGA. Volvió Trump. Brutal. Extraño. Moralmente repudiable. Seguramente poco realista. No coincidimos con la mayoría de sus planteos y su autoritarismo global que tensa al mundo. Pero dice algo en que coincidimos: la riqueza de las naciones se sustenta en la energía y el desarrollo depende de la energía barata que nos brindan los hidrocarburos. Apenas asumió, empezó a revertir la política energética de Washington implementada por Joe Biden y a tomar medidas que impactan en los mercados energéticos globales, desde el petróleo y el GNL hasta el desarrollo de las llamadas energías renovables.

En una avalancha de decretos (órdenes ejecutivas) en el primer día de su mandato, la nueva administración revirtió, eliminó o suspendió las políticas energéticas y climáticas de Biden en todos los ámbitos, desde renunciar al Acuerdo de París hasta suspender la prohibición de las cocinas a gas. Biden sucumbió a la narrativa de una ciencia climática politizada, no galileana.

Trump dijo que cualquier funcionario federal que «…planee o coordine acuerdos energéticos internacionales deberá priorizar de ahora en adelante la eficiencia económica, la promoción de la prosperidad estadounidense, la elección del consumidor y la moderación fiscal en todos los compromisos extranjeros que afecten a la política energética». Esto es incompatible con el Acuerdo de París que obliga a los países firmantes a descarbonizar sus sistemas energéticos para evitar una supuesta «catástrofe climática» que amenaza a la humanidad.

En este punto se abre otra discusión. Trump tiene que interpelar a las ciencias del clima para sostener su política energética. Por eso, el impacto de la nueva política energética en Estados Unidos no se da sólo en el campo de la energía, sino que también impacta al campo de la ciencia, que es el que se ha utilizado para sustentar la narrativa del alarmismo climático.

Cambiar esta combinación, donde la ciencia jugó un papel coercitivo como herramienta para imponer una agenda geopolítica, es tal vez uno de los cambios más radicales que puede llevar adelante la nueva administración, aunque Trump no sea consciente de esto. Sus argumentos muchas veces son burdos y no permiten comprender la profundidad de la problemática. El cambio climático no es una estafa como él plantea, ocurre. La discusión, en todo caso, es cuanto influye la actividad humana sobre ese cambio. No es fácil definirlo.

La estafa o lo discutible, en todo caso, es el alarmismo climático que obliga a los países a seguir determinadas políticas energéticas que favorecen a lo que podríamos llamar el «complejo industrial financiero verde» apalancado en subsidios y asociado a sectores académicos que construyen una narrativa utilizada por los políticos, organizaciones ambientalistas y medios de comunicación.

Manifestación en la cumbre del clima de Paris del 2015.

Una de las consecuencias de la transición energética y su camino hacia el net zero impuesta por los países centrales es que para salir de la dependencia de los combustibles fósiles ha politizado a la ciencia climática, poniendo en tela de juicio su integridad y generando una nueva inquisición donde los científicos que interpelan al alarmismo climático son tratados como herejes. ¡Ay, Galileo!

Hoy, estamos viviendo una transición energética forzada por la política a partir de externalidades ambientales, no por el descubrimiento de fuentes energéticas de mayor calidad, por nuevos desarrollos tecnológicos o por la dinámica de los mercados.

Esta situación es una de las grandes críticas de Trump a la política energética global. Aunque un día después del anuncio se contradice y le exige a la OPEP, a partir de ejercer presión política, que baje los precios del petróleo, amenazando a Arabia Saudita con sanciones si no lo hace. Libertad de mercado hasta cierto punto, antes, y sobre todo, seguridad energética.

Liberación. En una orden ejecutiva titulada «Liberar la energía de Estados Unidos», Trump denunció las «regulaciones onerosas y motivadas ideológicamente» que han impedido el desarrollo de las fuentes de energía estadounidenses. Las palabras solar y eólica no aparecen en la orden ejecutiva, mostrando claramente que para Trump la energía que hay que liberar es la producción de gas y petróleo. La consecuencia es el desmantelamiento integral de casi todos los mandatos y subsidios de energía «limpia» creados en los últimos años por la administración demócrata, entre otros:

  • Elimina el mandato de vehículos eléctricos de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, según sus siglas en inglés) de Biden.
  • Pone fin a los esfuerzos del Departamento de Energía (DOE) para prohibir los aparatos que funcionan a gas.
  • Establece una fecha límite para que la EPA elimine el uso del «costo social del carbono», una cifra arbitraria que los funcionarios federales han utilizado para justificar políticas climáticas costosas.
  • Tiene una sección llamada «Finalización del New Deal Verde», que dice que todas las agencias federales deben «pausar inmediatamente el desembolso de fondos asignados bajo la Ley de Reducción de la Inflación y la Ley de Inversión en Infraestructura y Empleos», incluidos, entre otros, los fondos para la carga de vehículos eléctricos.
  • Pide el fin de la pausa a las exportaciones de GNL impuesta por el DOE.
  • Incluye una sección completa sobre elementos estratégicos y ordena a las agencias federales que identifiquen todas las «acciones de las agencias que imponen cargas indebidas a la minería y el procesamiento nacionales de minerales no combustibles y que tomen medidas para revisar o rescindir dichas acciones».

Tal vez el mejor resumen del documento se encuentra en una sección que pide una «revisión inmediata de todas las acciones de las agencias federales que potencialmente afecten el desarrollo de los recursos energéticos nacionales».

Las dos agencias más cuestionadas son la EPA y el DOE. Existe una muy cuestionada resolución de la EPA de 2009 conocida como «Endangerment Finding» o hallazgo de peligrosidad, donde se determinó que el CO2 y otros gases de efecto invernadero califican como «contaminantes» bajo la Ley de Aire Limpio de 1970, porque son un «peligro para la salud y el bienestar público».

Calificar al CO2, que es imprescindible para el desarrollo de la vida, como contaminante es forzar al extremo algunas definiciones científicas con intencionalidad política. Esta resolución, que sirvió de base para las regulaciones de Biden que restringen los combustibles fósiles, ha generado litigios en el pasado y los seguirá generando en el futuro. Habrá que ver si Trump logra eliminarla, aunque no será sencillo ya que hay mucha jurisprudencia, incluso de la Corte Suprema de Estados Unidos, que avala esa resolución de la EPA. La ciencia, otra vez interpelada. Y la justicia también.

DOE. Respecto al Departamento de Energía, seguramente cambiarán también muchas políticas. Durante la administración anterior, al entrar en la página web del DOE, el título era muy elocuente: «Combatiendo la crisis climática», mostrando cual era el motor y sentido de la política energética de Biden. Hoy, es absolutamente diferente. El titular de la página de inicio es «Restaurar el dominio energético», rememorando que EE.UU. se hizo grande en la primera mitad del siglo XX a partir de ser el mayor productor mundial de petróleo. Y continúa: «las acciones del primer día del presidente Trump devolverán el departamento al orden normal».

Inversores siguen la evolución de la acción de la petrolera saudí Saudi Aramco en Riyadh.

Este nuevo orden según Trump es desatar el dominio energético de Estados Unidos para sostener su primacía mundial sustentada en la industria: «Estados Unidos volverá a ser una nación manufacturera, y tenemos algo que ninguna otra nación manufacturera tendrá jamás: la mayor cantidad de petróleo y gas de cualquier país de la Tierra». Más allá de la grandilocuencia, EE.UU. no es el país con más reservas de petróleo, está en el puesto nueve. Tampoco es el país con mayores reservas de gas, está cuarto detrás de Rusia, Irán y Qatar.

Epopeya. Trump tiene un solo mandato de cuatro años para alcanzar sus ambiciones, ¿este nuevo orden energético que está proponiendo se podrá llevar a cabo? ¿Perdurará o se extinguirá al final de su presidencia? Difícil especular con ese futuro. Hay que ir adonde uno cree que está la verdad. ¿La verdad está acaso en el IPCC y en la diplomacia ilustrada de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) que todos los años nos convoca a la Conferencia de Partes?

En ese ámbito es donde los países centrales intentan desplegar un sistema de gobernanza global que perjudica el desarrollo de los países emergentes, sustentado en predicciones de catástrofes climáticas que no se sustenta en ninguna explicación científica del clima. Se construyen escenarios sobre conjeturas. Predecir sin explicar no es ciencia, es política.

Las medidas que tomó Trump nos muestran que pareciera haber una verdad geopolítica que es más fuerte, donde el poder y los intereses definen el camino de la política energética global, en estos últimos tiempos disimulado en supuestas verdades científicas. Hay que reconocer que desde que empezó la batalla climática hace cuarenta años, el clima no es lo único que ha cambiado.

La tecnología, los valores culturales, los centros de poder político, económico y militar han cambiado mucho más. Cayó el Muro de Berlín, hoy no existen la Guerra Fría, la Unión Soviética ni tampoco el peligro de una guerra atómica. Y existe China.

Lo mejor que podemos decir es que el mundo seguirá descarbonizando lentamente su sistema energético y, al mismo tiempo, la Tierra seguirá calentándose lentamente sin catástrofes a la vista. Y las sociedades seguirán adaptándose a los peligros climáticos cambiantes de distintas maneras, como siempre lo han hecho, con ganadores y perdedores en el camino. Lo que nos muestra Trump es que el cambio climático no es ni una emergencia ni una crisis. Es una epopeya política. Y tal vez tenga razón.

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IA y Energía, entre Heidegger y Milei

Fenomenología. Martin Heidegger, uno de los filósofos más importantes del siglo pasado dejó algunos pensamientos que nos ayudan a iluminar la complejidad energética en el mundo actual. En su reconocido ensayo «La pregunta por la técnica», argumenta que la técnica moderna (hoy hablaríamos de tecnología) no es simplemente un conjunto de herramientas o medios para alcanzar objetivos humanos, sino una forma fundamental de relacionarnos con el mundo. Y agrega, la técnica moderna desvela o «desoculta» a la naturaleza, transformándola y acumulando sus recursos para la sociedad. Extraer y utilizar los combustibles fósiles fue una técnica emancipadora que liberó para la sociedad toda la energía solar acumulada en cientos de millones de año. La técnica fundó la modernidad. El dominio de la energía es la técnica que funda lo humano, y no hay sociedades sin técnica y sin energía.

1973. La crisis petrolera de 1973 cambió radicalmente la manera en que el mundo veía y se ocupaba de la cuestión energética. El embargo petrolero sufrido por algunos países de Europa conmovió los cimientos de Occidente y obligó a repensar al sector energético, diseñar nuevas instituciones y definir nuevas políticas. A partir de la falla global en el abastecimiento de petróleo, el mundo tomo conciencia del carácter imprescindible de la energía. «En la falla, uno trae un mundo a la mano». Heidegger, 1950.

2024. Ha sido un año con acontecimientos novedosos para la energía mundial. Por primera vez desde las crisis petroleras de la década de los 70 del siglo pasado, el mundo volvió a temer por el suministro de petróleo de Medio Oriente debido a los conflictos geopolíticos y las nuevas alianzas globales. Esta situación ayudo a equilibrar un mercado sobre ofertado y permitió mantener el precio del crudo en un rango rentable para los productores no pertenecientes a la OPEP+. Pero el mundo no está tranquilo, el petróleo de la OPEP es imprescindible y los conflictos persisten.

Por otra parte, el aumento de la demanda de electricidad de los centros de datos y la IA ha sido la mayor noticia energética del año pasado, tal vez de la década. Después de veinte años de demanda plana de electricidad en Estados Unidos, la Administración de Información Energética proyecta un aumento anual del 0,8% hasta 2050, impulsado en gran medida por estas tecnologías intensivas en energía.

En este nuevo escenario, pareciera que las energías renovables no forman parte del plan, su tecnología todavía no está a la altura de las necesidades. Los centros de datos y la IA requieren energía ininterrumpida y de alta calidad las 24 horas del día, los 7 días de la semana, algo que las energías renovables no pueden brindar. El tiempo de inactividad es inaceptable, y la variabilidad de la energía eólica y solar los hace poco prácticos.

Por esta razón, Exxon, junto con Chevron, decidieron aventurarse en un nuevo segmento del negocio energético: la generación de electricidad a partir del gas. Otra tendencia de 2024 fue que la demanda de gas natural se está disparando a medida que la demanda de electricidad aumenta por la proliferación de centros de datos y que las grandes tecnológicas persiguen sus proyectos de inteligencia artificial. Aquí es donde entran en juego los productores de gas natural.

En cuanto al petróleo, 2024 fue un año interesante, ya que la OPEP y la Agencia Internacional de la Energía difirieron enormemente en sus previsiones sobre la demanda futura de la fuente de energía que sustenta la economía mundial. La OPEP advierte permanentemente sobre la necesidad de seguir invirtiendo en el sector, mientras la AIE hace predicciones basadas en suposiciones no probadas, como, por ejemplo, las ventas de autos eléctricos, que se han debilitado en casi todo el mundo, excepto en China. Pero el consumo de petróleo todavía no alcanzó su pico, aumentó casi 1 millón de barriles en 2024 y seguirá aumentando en 2025.

Hablando de demanda y de China, esta última fue el principal impulsor de los precios del petróleo este año. Casi todos los informes sobre los cambios en los precios del petróleo incluían la frase «preocupación por la demanda china», junto a las preocupaciones por la situación en Medio Oriente, el motor de los precios del petróleo por el lado de la oferta. El crecimiento de la demanda china este año fue mucho más bajo que en 2023, decepcionando a los operadores que esperaban que continuara creciendo a cifras porcentuales de dos dígitos para siempre.

El otro componente que interviene fuertemente en el mercado petrolero es la producción no OPEP+, principalmente el shale de EEUU, y fue un tema de conversación clave para los pronosticadores de precios del petróleo en 2024, pero con una novedad, la victoria de Donald Trump. Ahora, muchos pronosticadores del mercado petrolero esperan que la industria petrolera de Estados Unidos aumente fuertemente su producción.

Trump ha prometido en repetidas ocasiones que presionará a los productores de shale para que aumenten la producción, pero no está claro cómo pretende lograr este objetivo, ya que el petróleo estadounidense es producido por empresas independientes y no por una compañía petrolera nacional (NOC). No pasó mucho tiempo para que la propia industria disipara la ilusión del nuevo presidente. Nada menos que el CEO de Exxon dijo que no habría «Drill, baby, drill» a menos que los precios internacionales del petróleo justificaran tal estrategia.

Sin embargo, las ambiciones de perforación de Trump podrían verse frustradas por un problema aún mayor que los precios del crudo: los campos petroleros de Estados Unidos podrían estar acercándose a su capacidad máxima de producción.

Según Goehring & Rozencwajg LLC, una consultora de investigación especializada en inversiones en recursos naturales, la producción de shale de EEUU se encuentra en las primeras etapas de un declive prolongado debido al agotamiento del recurso, no a la dinámica del mercado o las cuestiones regulatorias

Los analistas habían pronosticado que el explosivo crecimiento de la producción provocado por la revolución del shale en Estados Unidos se estabilizaría a finales de 2024 o principios de 2025. Pero la realidad parece ser peor: según datos de la EIA, la producción de petróleo crudo de shale alcanzó su punto máximo en noviembre de 2023 y ha disminuido alrededor de un 2% desde entonces, mientras que la producción de gas alcanzó su punto máximo ese mismo mes y desde entonces ha caído un 1%, El modelo de Goehring y Rozencwajg predice un declive aún más pronunciado en el futuro.

El informe compara la situación actual con la crisis del petróleo de la década de 1970. Señalan que el presidente Nixon respondió a la primera crisis petrolera de la OPEP en 1973 lanzando el Proyecto Independencia, cuyo objetivo era revertir la disminución de la producción estadounidense a través de la desregulación y la agilización de los permisos, además de promover hace 50 años la utilización del hidrógeno. Los precios del petróleo se dispararon de 3,18 dólares por barril en 1973 a 34 dólares por barril en 1981, lo que provocó una explosión en la actividad de perforación. En consecuencia, el número de plataformas petroleras de EE.UU. saltó de 993 en 1973 a 4.500 a finales de 1981.

Sin embargo, el aumento en la perforación no pudo contrarrestar la ley natural del agotamiento: a fines de 1981, la producción de crudo de EE.UU. había caído a 8,5 millones de barriles por día, lo que representa una disminución del 15% desde el momento en que Nixon lanzó su ambicioso programa. Los analistas señalan que la producción de crudo de Estados Unidos alcanzó un mínimo de 5 millones de barriles por día en 2010, incluso cuando los precios rondaban los 100 dólares por barril. Goehring y Rozencwajg han denominado a este fenómeno «La paradoja del agotamiento», y han advertido que los precios más altos por sí solos no serán suficientes para contrarrestar las realidades geológicas. En ese momento, la política de seguridad energética de Washington apoyó financieramente el desarrollo de la técnica del fracking, la técnica que liberó, una vez más, los recursos de gas y petróleo atrapados en las rocas.

El problema es que en 2025 los productores estadounidenses no tendrán el incentivo de los precios altos bajo esta segunda administración de Trump: una nueva encuesta del estudio de abogados Haynes Boone LLC reveló que los bancos se están preparando para que los precios del petróleo caigan por debajo de los 60 dólares el barril para mediados del nuevo mandato de Trump. Las predicciones de precios del crudo son referencias que habitualmente fallan, pero condicionan igualmente las decisiones empresariales y políticas.

La otra novedad de 2024 fue el renacimiento nuclear, debido a que en teoría ofrece lo mejor de ambos mundos, es decir, electricidad de carga base y sin emisiones. El mundo tiene hoy más de 60 mil GW en proyectos y en construcción de centrales atómicas. La mitad corresponden a China e India. Sin embargo, hay un problema, y ese problema es que se necesitan años para construir una central nuclear convencional y los costos son altísimos. Esta es la razón por la que los pequeños reactores nucleares modulares fueron noticia en 2024 como una alternativa más rápida a las centrales convencionales, y probablemente seguirán siendo noticia hasta que se demuestre que realmente son una alternativa viable a las grandes centrales. Por ahora, sin embargo, es la energía nuclear o atómica convencional la que está sobre la mesa. El 15 de abril de 2023, Alemania cerró sus últimas tres centrales nucleares, fueron reemplazadas no sólo por energías renovables sino también por centrales de gas y carbón. Un error de cálculo donde faltó el pensamiento reflexivo. El 26 de diciembre de 2023 Javier Milei anuló los contratos del AMBA 1, obra fundamental de transporte eléctrico para garantizar el servicio. El 10 de julio de 2024 anuló los contratos para la construcción de las centrales térmicas en Formosa e Ibarreta y no sabe cómo reemplazarlas, mostrando una vez más su falta de pensamiento reflexivo y malos cálculos. «El mundo aparece como un objeto al que el pensamiento calculador dirige sus ataques y a los que ya nada debe poder resistir. La naturaleza pasa a ser el combustible del pensamiento calculador. El poder y lo que se puede lograr con la naturaleza y con el dominio de la energía atómica.» «Serenidad», Heidegger, 1955. La Naturaleza es más que un recurso a explotar, el pensamiento calculador no alcanza. ¡Bienvenidos a 2025!

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