Alarmismo. El temor por los recursos, principalmente los relacionados con la energía, viene
marcando la agenda global, ordenando al mundo a partir de la preocupación por garantizar los
recursos. La historia humana está llena de ejemplos de esta tesis del temor como ordenador.
Desde el apocalipsis al agotamiento de los recursos y el cambio climático.
Alarma por el calentamiento global, alarma por el enfriamiento global en los 70 del siglo
pasado, alarma por el riesgo de escasez de petróleo, alarma por el crecimiento de la demanda
de energía eléctrica, alarma por el agotamiento de los recursos minerales, alarma, alarma.
Trump, en su cruzada para generar un nuevo orden global, a partir de su disputa con China, se
encontró con un escollo que se convirtió en alarma: las tierras raras. Washington se vio
obligado a retroceder en muchas de las sanciones a Pekín porque no podía prescindir de estos
minerales críticos que China domina y el mundo necesita.
Desde el comienzo de su administración, el presidente Trump unió su política exterior a su
política energética con la convicción de que, si Estados Unidos lograba ser autosuficiente y
controlar los mercados mundiales del petróleo, podría sentar las bases para la seguridad
mundial y el dominio de Estados Unidos.
Washington comprendió que faltaba algo en esta ecuación: las tierras raras. Hace dos semanas,
Trump firmó una orden ejecutiva que crea el Proyecto Bóveda (Project Vault en inglés), para
crear una reserva estratégica de más de 50 minerales críticos y ampliar la capacidad de
procesamiento doméstico. La idea es blindar la cadena de suministro con stock propio y
contratos de suministro a largo plazo.
Los minerales críticos son el “nuevo petróleo”. Sin ellos no funcionan la energía solar ni la
eólica, los vehículos eléctricos y los sistemas de defensa. Por eso se crea una reserva
estratégica similar a las reservas de petróleo de manera de garantizar un colchón de 60 días de
minerales críticos para emergencias en caso de cortes en el suministro. En la narrativa de
Trump, garantizar los minerales críticos es seguridad energética y seguridad nacional.
Alarmismo 2. Volver a lo nuclear. Bill Gates y Sam Altman están preocupados porque quieren
energía limpia para sus proyectos tecnológicos, pero necesitan energía segura. Saben que un
solo corte puede silenciar a la IA. Las limitaciones de las energías renovables y los sistemas de
almacenamiento están provocando un renacimiento de la energía nuclear. Se añadirán cerca de
14 GW de nueva capacidad de generación este año, lo que la convierte en la mayor
incorporación neta de esta tecnología en casi 30 años.
El alarmismo permite, además, el surgimiento de nuevos negocios, aunque la tecnología
todavía no esté disponible. Los pequeños reactores modulares (SMR) están ahora de moda y
ganando impulso con grandes inversiones y acuerdos de compra de energía (PPA) firmados
durante 2025. La realidad es que sigue siendo poco probable que se vea una decisión final de
inversión (FID) para un nuevo proyecto SMR durante 2026.
Más insólito es lo que ocurre con la fusión nuclear. El alarmismo tiende a generar soluciones
mágicas como narrativa o “balas de plata” para sostener la estabilidad del sistema. La fusión nuclear se ha convertido en una especie de favorito de la industria tecnológica, ya que tiene el
potencial de ofrecer una solución a las amenazas de seguridad energética y sostenibilidad que
plantea la IA. En teoría, la fusión nuclear comercial podría proporcionar una fuente
esencialmente ilimitada de energía totalmente limpia, sin dejar atrás los residuos nucleares
peligrosos asociados a la fisión nuclear. En teoría.
El problema es que todavía, y por varios años, o tal vez por siempre, la fusión nuclear
controlada no es hoy una realidad como fuente de energía. La situación actual es que no se ha
logrado producir más energía de la que realmente se consume cuando se contabiliza toda la
energía necesaria para comprimir, calentar y confinar el plasma para la fusión.
Desde la década de los 50 del siglo pasado se está tratando de alcanzar ese objetivo. Hoy se ha
avanzado muchísimo, pero más avanzó la narrativa que confunde y plantea la posibilidad de
lograrlo en pocos años. Esa narrativa llegó a Wall Street, que ahora apoya proyectos de este
tipo, a Gates y a Altman.
En fusión se usan dos métricas diferentes. Una es la que se conoce como ganancia científica,
que compara solo la energía que entra al plasma con la energía que el plasma libera por la
fusión. Hace dos años se logró por primera vez valores mayores a 1 en experimentos de fusión
por láser. Es decir, el plasma produjo más energía de la que recibió directamente.
La otra métrica es la llamada ganancia de planta. Compara la energía eléctrica total consumida
por el sistema con la energía total generada. Acá se tienen en cuenta todo el consumo
energético: láseres de alta potencia, imanes superconductores, criogenia, sistemas de vacío,
electrónica de control.
Si analizamos algunos números, sin entrar en detalles, tipo cuenta de almacenero, vemos que a
nivel plasma, los experimentos nos muestran que entran 2 MJ (láser) y salen 3-8 MJ (fusión),
obteniendo una ganancia mayor que 1. Es una fuente energética.
Pero si tomamos toda la instalación eléctrica y la energía necesaria para el funcionamiento del
láser, comprobamos que en realidad entran 300 MJ y salen 3-8 MJ. Es decir, los láseres
consumen cientos de veces más energía eléctrica de la que llega al plasma. No es una fuente
de energía. ¿Alguna vez lo será?
Conclusión, ningún experimento de fusión ha entregado más energía de la que consume
cuando se incluye la energía necesaria para comprimir, calentar y confinar el plasma.
Entendemos la narrativa, porque el mundo y los mercados necesitan creer en una fuente casi
inagotable de energía que de previsibilidad y seguridad al sistema mundial. Extrañas decisiones
de inversión en tecnologías no maduras. Algo no estamos viendo.
Alarmismo 3. Volver a la Luna. Elon Musk, el hombre más rico del mundo, nos alarma con sus
proyectos extravagantes. Es cierto, algunos de sus proyectos que en su momento nos
parecieron de muy difícil realización se han concretado. Sin entrar en detalles de las ayudas
gubernamentales y créditos federales recibidos, hoy Tesla y sus fábricas de baterías son una
realidad. Ahora Musk está alarmado por la finitud terrestre y la limitación de los recursos
energéticos.
Según un reciente informe del New York Times, Musk les dijo a los empleados de xAI, su
empresa de IA recientemente adquirida por SpaceX, su empresa espacial, que necesita
construir una fábrica en la Luna para producir satélites de IA.

En el anuncio, repleto de conceptos más de ciencia ficción que ciencia real, Musk argumentó
que la IA basada en el espacio era la «única forma de escalar» la tecnología. Habló de poner
centros de datos en la órbita de la Tierra, donde en teoría tendrían acceso a cantidades
prácticamente ilimitadas de energía solar. Junto con centros de datos orbitales, se imagina
poblar la órbita con una vasta constelación de satélites de IA, algo que comparó con construir
un «sol consciente».
Musk ha pasado años denigrando las misiones lunares, considerándolas una pérdida de tiempo
y una distracción de su objetivo final de enviar humanos a Marte. Su mantra siempre ha sido
«hacer la vida multiplanetaria» y «extender la conciencia a las estrellas».
Con frecuencia ha proporcionado plazos optimistas para lograr esto, incluyendo la promesa en
2017 de que la primera misión a Marte de la compañía se lanzaría en 2022 y que sus primeros
astronautas llegarían para 2025. Ha reiterado constantemente esta misión y ha presentado a
los empleados de SpaceX una hoja de ruta para llegar al Planeta Rojo. Obviamente, nada de
esto ocurrió.

Musk insiste en que no está abandonando Marte. En la reunión con sus empleados describió la
Luna como un peldaño hacia Marte. Primero, quiere construir «una ciudad autosuficiente en la
Luna», luego viajar a Marte — y luego, naturalmente, buscar alienígenas en el resto de la
galaxia. Parece que Obama, con sus últimas declaraciones, lo está ayudando ahora en este
objetivo.
Los rumores sugieren que SpaceX planea salir a bolsa con una valoración récord de 1,25
billones de dólares, lo que podría atraer una interpelación sobre las ambiciones de
colonización espacial de Musk. Tal vez, simplemente intenta salvar las apariencias con su giro a
la Luna. Al cambiar drásticamente la meta hacia algo más realizable también podría tener más
posibilidades de atraer contratos gubernamentales, que ya han evitado la quiebra de SpaceX
desde sus primeros días. Ante este personaje y sus proyectos, los que estamos alarmados
somos nosotros. O, nuevamente, algo no estamos viendo. Delicias del alarmismo.