El mundo en guerra: El ataque a Irán también es contra China.

Hemos postergado escribir sobre la guerra de Irán y su impacto en los mercados energéticos.
Queríamos darnos tiempo para entender, dentro de lo posible, los motivos, no solo las
consecuencias, de la decisión de Trump junto con Israel de atacar a Irán. Obviamente, El
impacto en los mercados energéticos ante la posibilidad del cierre del Estrecho de Ormuz eran
previsibles. Sin embargo, recién hoy el barril superó los 100 dólares.

Lo que todavía no es previsible es hasta cuanto puede llegar el petróleo y cuál es la duración de
esta crisis. ¿El precio del crudo aumentará unas semanas y después volverá a sus niveles
previos al conflicto como afirma el presidente Trump? ¿Hasta cuánto puede subir el barril?
También nos costaba entender el momento elegido para el ataque y contra quien iba dirigido
realmente. ¿Sólo Irán es el objetivo, o el enemigo también es China?

Todo esto es especulación. Hay una cuestión más amplia y a la vez más sencilla que nos enseña
la historia: una vez que comienzan las guerras, desarrollan vida propia. Las consecuencias
económicas, políticas y estratégicas son desconocidas, pero nos muestran la fragilidad de los sistemas energéticos y de suministro globales. Casi con toda seguridad las consecuencias serán
grandes.

Hemos leídos docenas de artículos sobre el conflicto, tanto a favor como en contra de la
decisión del ataque. A primera vista, por las declaraciones del presidente Trump, pareciera que
estamos ante una guerra impulsada con urgencia por alguna información sobre el poder militar
de Irán. Algunos dicen que Israel aprovechó la política errática del presidente de Estados
Unidos en distintos escenarios para embarcarlo en esta aventura.

¿Estaba realmente Irán cerca de conseguir realmente su bomba nuclear a pesar del ataque de
Estados Unidos e Israel del año pasado y que supuestamente habían anulado esta capacidad?
¿Es cierto que China estaba proveyendo misiles que podrían atacar a las fuerzas
norteamericanas en la región?

Irán suele ser acusado como patrocinador del terrorismo y un factor de desestabilización
regional. Cada uno de estos encuadres analiza un problema real, pero ninguno captura lo que
realmente importa. La cuestión nuclear, el apoyo a las milicias que se extiende desde Líbano
hasta Yemen, la arquitectura de seguridad del Golfo solo adquiere su significado completo
cuando se leen en el contexto de la gran estrategia china.

De hecho, Pekín ha invertido años y miles de millones de dólares en convertir a Irán en lo que
podríamos llamar un activo estructural. Todo lo que ocurre en Oriente Medio surge de este
hecho. Por eso la Operación Furia Épica es la primera campaña militar estadounidense que
amenaza con acabar con ese activo. Al atacar directamente a Irán, Washington intenta
desmantelar un pilar de la arquitectura regional de China.

A fines de febrero, Reuters informó que Teherán estaba cerca de un acuerdo con China para
comprar misiles de crucero antibuque. El acuerdo para los misiles CM-302 de fabricación china
está a punto de completarse, aunque no se ha acordado una fecha de entrega, dijeron
personas con acceso a la información. Los misiles supersónicos tienen un alcance de unos 290
kilómetros y están diseñados para evadir las defensas a bordo de los barcos volando bajo y
rápido. Su despliegue mejoraría significativamente las capacidades de ataque de Irán y
representaría una amenaza para las fuerzas navales estadounidenses en la región, dijeron dos
expertos en armas.

Estos episodios ponen en evidencia la naturaleza de la competencia de poder entre Estados
Unidos y China. De hecho, aunque los observadores prefieren enmarcar la política del
presidente Trump sobre China de como una guerra comercial, los aranceles y otras medidas
económicas son simplemente instrumentos que la Casa Blanca está desplegando en una guerra
mayor contra el eje chino.

Según informes de inteligencia, a pesar del ataque del año pasado, Irán estaba a muy poco
tiempo de poder producir un arma nuclear. Tienen material nuclear que puede convertirse en
material de calidad para bombas básicamente en un par de semanas, suficiente para unas 11
bombas. En realidad, todavía les falta desarrollar el tipo de disparadores y la armamento para
poder convertir este uranio enriquecido en una bomba funcional y necesitan hacer pruebas.
¿Serán ciertos estos informes de inteligencia o son la excusa para justificar el ataque?

Ante esta supuesta amenaza, los responsables políticos estadounidenses e israelíes
convergieron y decidieron atacar ahora, antes de que Irán logre tener armas nucleares y misiles
balísticos intercontinentales. Desde un punto de vista estratégico a largo plazo, tiene sentido
tener esta batalla ahora y no más adelante. El objetivo final es asegurarse de que Irán pierda
por completo su capacidad de producir un arma nuclear.

Eso significa que necesitan destruir o capturar todo el uranio enriquecido que ya tienen, que
según informes les permitiría construir hasta 11 bombas atómicas. Necesitan destruir todas sus
instalaciones y tecnología que se usan para producir y refinar este uranio. Y también necesitan
eliminar por completo su capacidad de misiles balísticos porque solo esa capacidad de misiles
ya es suficiente para amenazar la existencia de Israel. Y también se supone una amenaza para
Europa porque estos misiles pueden llegar hasta Inglaterra.

Resolver estas cuestiones no es sencillo ni rápido. En teoría, hay tres formas de hacerlo. La
primera forma es que los iraníes entren en una negociación para eliminar sus programas, como
ocurrió en las últimas semanas previas al ataque. Para eso tendrían que aceptar que entraran
veedores que obliguen a desmantelar su programa nuclear de forma verificada, algo que no se
pudo hacer el año pasado con el ataque aéreo de Estados Unidos. Y tendrían que aceptar
también desmantelar sus capacidades de fabricación de misiles de forma verificable.

Eso no va a ocurrir. Irán no es Venezuela. No hay ningún líder en Irán que permita ese nivel de
humillación. Así que realmente solo quedan dos alternativas más sobre la mesa. Una es que
simplemente se destruyan estas capacidades mediante la intervención militar. Pero para lograr
este objetivo se requerirán tropas sobre el terreno, no alcanza con tirar bombas o misiles.
La otra posibilidad es que se produzca un cambio de régimen y un nuevo régimen amigable con
Washington acepte renunciar a su capacidad de misiles balísticos y renuncie al programa
nuclear a cambio de que Estados Unidos apoye al nuevo régimen, elimine las sanciones, le dé
ayuda y apoyo económico y político para poner en marcha la nación bajo un nuevo sistema.
De estas tres posibilidades, la única alternativa segura para Occidente es la del cambio de
régimen. Pero es la alternativa más difícil de lograr. Hasta ahora, la experiencia mundial es que
pocas veces se logra desde afuera imponer un nuevo sistema. Existen cuestiones culturales y
religiosas. Y existe China.

Aunque se destruya físicamente todas las capacidades de Irán en esta campaña bélica,
mientras el régimen teocrático esté en el poder, siempre intentarán reconstruir su poderío
bélico. Será solo cuestión de tiempo para que reconstruyan su capacidad de misiles balísticos y
que intenten avanzar con su capacidad nuclear. Estados Unidos piensa que no hay forma de
eliminar esta amenaza existencial sin un cambio de régimen.

Esto la Casa Blanca no lo dice explícitamente porque la idea del cambio de régimen es
impopular en Estados Unidos. Los estrategas en Washington quieren ese cambio, tanto como
por una cuestión de seguridad nacional como una necesidad de contener a China y su
estrategia en Medio Oriente. Desde el punto de vista israelí, están convencidos de que la única
forma de estar seguros a largo plazo es conseguir un cambio de régimen en Irán.
Pero intentar un cambio de régimen, es una campaña muy compleja, de varias semanas y tal
vez varios meses, donde hay que poner fuerzas sobre el terreno para lograrlo. Incluso, solo para destruir sus capacidades de misiles que tienen enterrados profundamente bajo tierra y
que tienen bien protegidas y bien ocultos, va a requerir también una campaña prolongada que
implicará tropas en el terreno.

Algunos analistas como James A. Kostohryz, CEO y Global Portfolio StrategistAcumen, plantean
que el mercado no está viendo el panorama general. Coincide que, desde un punto de vista
estratégico, estos objetivos de Estados Unidos e Israel no pueden alcanzarse en un corto
periodo. Solo se puede cumplir con una campaña a largo plazo de varias semanas o
probablemente de varios meses.

Trump habló de 4 o 5 semanas, pero también dijo que no iba a permitir que se cierre el
Estrecho de Ormuz y que iba a acompañar los barcos petroleros con buques de la armada
norteamericana y eso no se pudo cumplir. Irán mostró su capacidad para mantener el Estrecho
cerrado y definir qué barcos pueden pasar y cuáles no, pensando en los que llevan petróleo a
China. En estas condiciones, los precios subirán por encima de los 100 dólares el barril y tal vez
más.

Otra cosa que hicieron los iraníes, además de bloquear el Estrecho de Ormuz, es que atacaron
a sus vecinos del Golfo, grandes exportadores de petróleo. Los iraníes han declarado
públicamente en el pasado que, si la soberanía de su nación está amenazada o si no pueden
exportar su propio petróleo, ni una sola gota podrá salir de la región de Oriente Medio.
Además del bloqueo de Ormuz, la otra alternativa que tienen y a la que aún no han recurrido
del todo es atacar la infraestructura de producción de sus vecinos. Han atacado un importante
puerto petrolero en Baréin. Atacaron una instalación de procesamiento de petróleo muy
importante en Arabia Saudí, pero esto es solo un adelanto. Todavía han atacado muy poco la
infraestructura petrolera.

El viernes hubo algunos ataques a Arabia Saudita e Irán pidió rápidamente disculpas, pero no
se sabe si fue un error o una manera de recordarle a los países del Golfo que podría hacerlo. El
riesgo es que en algún momento estas naciones se verán obligadas a responder militarmente y
eso le daría a Irán la excusa para atacarlos. Hasta ahora, han mostrado contención porque
temen entrar en guerra con Irán donde el régimen empiece a disparar sus misiles más potentes
contra su infraestructura petrolera y destruya esencialmente sus economías.

Está claro que esto sería una escalada con profundas implicancias. en el mercado petrolero
mundial. Si las naciones del Golfo, como Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, entran
en conflicto con Irán, podemos esperar ver precios del petróleo de 200 dólares, quizá incluso
300 dólares. La combinación de bloquear el Estrecho y también atacar la exportación,
producción y procesamiento de petróleo en los países del Golfo son los mayores riesgos
actuales para la economía global que que podría provocar recesiones en todo el mundo.
Trump podría pronto buscar una salida a la crisis que ayudó a crear. Irónicamente, eso podría
dejar a Irán con la mano más fuerte, al menos por el momento.

Trump es inteligente, pero no es un pensador sistémico. Seguramente sabía que atacar a Irán
aumentaría los precios del petróleo y el GNL. Sus propios comentarios sugerían que la
Operación Furia Épica no sería un ataque breve seguido de una salida limpia. Pero, ¿anticipó la
posibilidad de que el Estrecho de Ormuz pudiera ser efectivamente cerrado? ¿Consideró losefectos en cascada en la cadena de suministro para el petróleo, gas natural, fertilizantes,
alimentos, agua y otros productos esenciales si el estrecho se interrumpía, aunque fuera
brevemente? ¿Entendía lo rápido que podían agotarse los arsenales militares y lo poco a poco
que podían ser reemplazados? Puede que nunca lo sepamos, y puede que no importe.
Lo que pareciera es que ya está sentando las bases para una salida. Su discurso sobre la
«rendición incondicional» suena menos a un objetivo militar realista y más a una rampa de
salida retórica. En la práctica, significa que anunciará una victoria aplastante cuando decida
que ha terminado, independientemente de los hechos y los objetivos sostenidos.
Quedarán consecuencias. El mundo, y China en particular, ha visto ahora lo vulnerables que
pueden ser los suministros de petróleo y GNL en Oriente Medio y ha reafirmado lo
imprescindible que son estas fuentes para el funcionamiento global.

También quedaron demarcadas regiones de estabilidad ante conflictos geopolíticos: Canadá,
Estados Unidos, Brasil, Argentina. Esta percepción por sí sola podría cambiar la cuota de
mercado global. Al mismo tiempo, la operación envió un mensaje a los rivales geopolíticos de
que Estados Unidos está dispuesusar la fuerza militar. Otra consecuencia queda clara: Todo gira
en torno a China.

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