Los límites del crecimiento

En 1972, la economía mundial estaba en plena etapa de crecimiento cuando el Club de Roma golpeó al mundo y a su ideal de progreso con un estudio titulado “Los límites del crecimiento”, donde se alertaba sobre las consecuencias y los peligros del crecimiento poblacional y económico que se estaba dando como consecuencia de las políticas de posguerra y su concepción del desarrollo. Dos fueron las principales conclusiones alcanzadas por este trabajo: La primera sugería que si continuaba el desarrollo económico en los términos que estaba operando, el mundo iría hacia el agotamiento de los recursos no renovables antes de 2072, cuyas consecuencias serían “una súbita e incontrolable declinación tanto en la población mundial como en la capacidad industrial”.

La segunda conclusión del estudio fue que las aproximaciones fragmentarias, ceteris paribus,  para resolver los problemas individualmente, sin una comprensión sistémica, no serían exitosas. Por ejemplo, los autores del informe arbitrariamente duplicaron sus estimaciones sobre la cantidad de recursos disponibles y volvieron a modelizar un nuevo escenario basado en este nuevo y más alto nivel de recursos. Sin embargo, en ese nuevo escenario, también el colapso llevaba al fin de nuestra civilización, aunque no por el agotamiento de recursos sino por los niveles de polución alcanzados.

El informe fue criticado por los líderes de los países en vía de desarrollo y por gran cantidad de pensadores e intelectuales que tomaron a esta investigación como una traba para la industrialización de las regiones subdesarrolladas y una manera de cristalizar las desigualdades del mundo En nuestro país, el Informe de la Fundación Bariloche, fue una de las voces que interpelaron a los pronósticos del Club de Roma.

También es cierto que algunas de las conclusiones fueron superadas por el fenomenal desarrollo científico y tecnológico y la llamada revolución verde que amplio de manera extraordinaria la producción de alimentos, que permitió generar alimentos para una población creciente y evitar el colapso alimentario que sostenía el informe. Hoy,

Sin embargo, treinta años después, las advertencias del Club de Roma dejan de ser una advertencia hacia el futuro  y se evidencian como problemas del presente que exigen establecer acuerdos globales como la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero o nuevos conflictos geopolíticos provocados por la necesidad de los países industriales de garantizarse el recurso energético de los hidrocarburos. Esta nueva situación nos obligan a repensar el desarrollo a partir de tomar en cuenta las variables biofísicas y los límites de la tierra, límites que imponen restricciones al crecimiento económico ilimitado postulado por la teoría económica neoclásica.

Hasta el desarrollo de la revolución industrial, la población mundial se duplicaba cada mil años. Desde la segunda mitad del siglo XX, la duplicación se hizo en apenas cuatro décadas. Pero pese al crecimiento poblacional, el incremento de la productividad laboral se convierte en mensaje de progreso adoptado por las sociedades modernas. Sin embargo, el incremento de la productividad no sólo se debe a los sistemas industriales de producción y los recursos energéticos fósiles sino que es forzado por la competencia global. Con la revolución industrial, el mercado mundial adquiere una dinámica jamás vista en la historia de la humanidad. Hoy en día se llama "globalización" a la valorización  que permite la expansión de la economía en todas las regiones del mundo y en el siglo XX triunfa como discurso el crecimiento triunfante como lo llama Easterlin.

Este autor afirma con respecto al futuro: la época del moderno crecimiento económico conduce a un crecimiento económico sin fin, un mundo en el que la siempre creciente abundancia, de la mano de aspiraciones siempre creciente. Sin embargo, la hipótesis de que los recursos físicos pueden ser ampliado ad infinitum para obtener una producción creciente ad infinitum es un "sinsentido ecológico" porque nada en el mundo físico puede crecer sin límite, aunque la tecnología corra esos límites.  Hoy en día, el crecimiento nos parece ser algo obvio, firmemente arraigado en los discursos económicos y políticos. Cuanto mayor sea el crecimiento, menores serán los problemas económicos, sociales y políticos -y viceversa. En la opinión generalizada de los sociólogos y politólogos, el crecimiento aumenta el empleo y, por consiguiente, los ingresos y la recaudación tributaria y contribuye a la superación y solución de los conflictos sociales. Facilita además el financiamiento de la ayuda al desarrollo o permite implementar las normas ambientales. Hoy, el desempeño de las economías nacionales se mide con base en el crecimiento, al igual que la idoneidad de la política de gobierno. Pero este crecimiento tiene un límite, y este es el punto que interpela a nuestra civilización.

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