Energía de la Biomasa

La biomasa está compuesta por el material orgánico que proviene de vegetales, como el caso de la madera, de la transformación de algunos cultivos, como los biocombustibles, y de los animales, como por ejemplo el biogás. Esta fuente de energía constituye alrededor del 10% del total de la energía consumida a nivel mundial y se utiliza para generar electricidad, calor y mezclarlos con los combustibles derivados del petróleo.

Durante miles de años la madera ha sido la fuente energética por excelencia, utilizada para cocinar, calefacción e iluminación. Ha dominado el mapa energético mundial hasta mediados de la década del siglo XIX donde comienza la era de los combustibles fósiles, con la utilización en primer término, del carbón y posteriormente del petróleo y el gas. Más allá de esto, la madera sigue siendo una fuente de energía fundamental en muchos países, sobre todo en los países en desarrollo y en zonas rurales.

Hoy en día, alrededor del 90% de todo el consumo de bioenergía es para usos tradicionales (cocina y calefacción), el suministro de energía primaria de la biomasa forestal utilizado en todo el mundo se estima en alrededor del 56 EJ, lo que significa que la biomasa de madera es la fuente de más del 10% de toda la energía suministrada al año. Esto se sustenta en que la leña proveniente de la madera representa más del 90% de toda la biomasa para la generación de energía primaria.

En Argentina la biomasa representa el 5% de nuestra matriz energética primaria, la mitad del promedio mundial. Más allá de que el 97% de toda la biomasa utilizada en nuestro país corresponde a combustibles sólidos como la leña, Argentina es el país con menor consumo de este tipo de energía de la región. Esto puede explicarse en gran medida por el alto consumo de gas que tiene nuestro país, el cual representa el 50% de nuestra matriz energética y nos ubica como uno de los mayores consumidores de gas a nivel mundial.

En las últimas décadas, la biomasa ha seguido la tendencia creciente de las fuentes renovables. Es por eso que otros tipos de esta fuente energética han crecido bastante. Por ejemplo y a pesar de que hoy en día su aporte a la matriz energética mundial sigue siendo mínimo, podemos destacar que la producción de biogás se ha sextuplicado, pasando de poco más de 13 mil GWH en el año 2000 a más de 80 mil GWH en el 2015 (esto representa solo el 1,5% de la energía generada con fuentes renovables).

La producción mundial de biocombustibles (que provienen de la caña de azúcar, maíz, trigo y de las oleaginosas) también se ha multiplicados estos últimos diez años pasando de 10,5 mil KTOE en 2005 a más de 55 mil en 2015. Sin embargo, el crecimiento no es siempre permanente. Por ejemplo, en el 2015 el etanol creció por tercer año consecutivo aumentando un 4,1%, pero la producción de biodiesel descendió ese mismo año un 4,9%.

El consumo de biomasa ha permitido proveer de energía a regiones aisladas a lo largo de la historia, además para determinados usos, se plantea como una alternativa o un complemento a los combustibles fósiles. Por ejemplo, los biocombustibles son mezclados con las naftas en pequeñas proporciones (entre un 5 o 10%), proporcionando una reducción útil pero limitada de gases. Debemos destacar que en Europa y Estados Unidos, se ha implantado una legislación que exige utilizar mezclas con biocombustibles hasta unos niveles determinados.

La utilización de la biomasa tiene una serie de cuestiones a tener en cuenta. Si no se hace un desarrollo sustentable y se utiliza indiscriminadamente la madera puede generarse un proceso de deforestación. Por su parte, el cultivo de plantas para la producción de biocombustibles compite necesariamente con la producción de alimentos, ya que utiliza tierras, fertilizantes y energía que podrían dedicarse a la producción alimentaria.

Además, en varios lugares, grandes áreas de vegetación natural y bosques han sido talados para cultivar caña de azúcar para etanol y, soja y aceite de palma para biodiesel. Sin embargo, hay gobiernos que llevan adelante determinadas políticas para minimizar estas problemáticas como la producción de etanol a partir de desechos vegetales y la producción de biodiesel a partir de grases y aceites residuales e incluso a partir de la utilización de algas.

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